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Parroquia Santa Madre de Dios

El año litúrgico

Cada domingo la iglesia celebra, “El Día del Señor”, la iglesia recuerda la resurrección de Cristo. En este día los fieles se reúnen la palabra de Dios y para participar en la Eucaristía.

Para poder vivir más intensamente los grandes momentos de la vida de Jesús, la iglesia instituyó el “año litúrgico”.

Podemos distinguir dos grandes ciclos en el año litúrgico:

a)      Ciclo de Navidad: Que comienza con el tiempo de Adviento y culmina con la Epifanía.

b)      Ciclo de Pascual: Que se inicia con el miércoles de Ceniza y culmina con el Domingo de Pentecostés.

 

A. EL CICLO DE NAVIDAD

1.      ADVIENTO

2.      NAVIDAD

3.      EPIFANÍA

 

El año litúrgico comienza a finales de noviembre o principios de diciembre, con la espera de la venida del Salvador.

 ADVIENTO

Es el periodo que dura 4 semanas que preparamos nuestro corazón, esperando la venida de Jesús.

Adviento Significa: “Venida, llegada”. Quiere celebrar la triple venida de Jesús. Nuestra fe afirma que Jesús:

a)      Vino: Nacido de la Virgen María

b)      Viene: Hoy, en los signos de los tiempos

c)      Vendrá: Con gloria, al final de la historia (la parusía).

Es Jesús ayer, hoy y siempre.

 Domingos de Adviento

El Adviento consta de 4 domingos antes del 25 de diciembre y dos periodos:

a)      desde el 1° domingo hasta el 16 de Diciembre

b)      desde el 17 hasta el 24 Diciembre.

 

1° Domingo: nos orienta hacia la venida del señor al final de la historia.

Mensaje: Vigilancia.

2° Domingo: Esta centrado en la figura de Juan Bautista.

Mensaje: Paciencia y de la preparación activa de la venida del señor.

3° Domingo: Esta centrado en el Bautista nos orienta con más fuerza hacia la persona de aquel que viene.

Mensaje: Presencia y alegría

4° Domingo: Contempla el misterio de la encarnación de Dios en María.

Mensaje: Preparación profunda y alegre para el misterio de la Navidad.

 Personajes del Adviento

-         El profeta Isaías

-         Juan Bautista

-         La Virgen María

-         San José

 

Isaías: Es el hombre de la esperanza, anuncia claramente al Mesías esperado, nos invita a confiar en el Señor como un Dios clemente, compasivo y misericordioso, siempre dispuesto a perdonar y comprender.

 

Juan Bautista: El predicador de la conversión es quien ha desamarrar con su dedo al Mesías, ese es el cordero de Dios que quita el pecado al mundo. Es un predicador valiente y fuerte, que lo lleva a desenmascarar la mentira y el vicio, a anunciar con entrega la conversión.

 

María: La mujer de oyó, meditó y vivió la palabra. El Evangelio nos presenta a María como una mujer dichosa por haber creído, por haber descubierto a Dios y por haberse convertido a Dios.

Ella escuchó, meditó y vivió el contenido de la palabra o manifestación de Dios a través de su hijo.

 

San José: El hombre justo, el es capaz de conformar su voluntad al querer de Dios, es el pobre del señor, es capaz de despojarse de sí mismo, para asumir en obediencia total la voluntad y los caminos de Dios. Es el hombre de la fe y de la obediencia incondicional.

 Cosas que deben recordar los Acólitos:v     No se dice ni se canta el gloria

v     Pero se sigue cantando el aleluya antes del Evangelio.

 La Corona de Adviento

1° Cirio: Vigilancia (Morado)

2° Cirio: Esperanza (Verde)

3° Cirio: Presencia (Morado)

4° Cirio: Alegría (Rosado)

   NAVIDAD

Es el final y la coronación de este tiempo de espera. Es el nacimiento de Jesús.

 El Tiempo de Navidad

El tiempo navidad empieza en las vísperas del 25 de diciembre y dura hasta el bautismo del Señor.

 Personajes de la Navidad

-         Jesús

-         Maria

-         José

Durante este tiempo se celebra la fiesta de la sagrada familia, por esto son personajes de la Navidad porque es un ejemplo para todas nuestras familias.

 EPIFANÍA

Es la fiesta de los reyes magos, es la manifestación y revelación de Dios: Cristo es la luz de todos los pueblos.

 Domingos de Epifanía

Después del bautismo del Señor, comienza la epifanía, empezando con el tiempo ordinario específicamente con el 1° domingo ordinario, son 33 o 34 domingos según el año y termina hasta la cuaresma.

 

B. EL CICLO DE PASCUA

1.    CUARESMA2.    TIEMPO PASCUAL CUARESMAEs el tiempo de preparación intensiva a la pascua de resurrección, es un itinerario que lleva al cristiano a celebrar y vivir la Pascua del Señor. Estamos invitados a hacer justicia con nuestras limosnas, oraciones y ayunos, además convertirnos por la situación de pecado que poseemos, situación que llena el espacio de las primeras dos semanas, en las que las lecturas dominicales propician la respuesta del hombre, para que revise su vida y busque la forma de cambiarla, viviendo según el criterio del Evangelio de Cristo.Nos invita a profundizar nuestra fe, escuchando la Palabra de Dios. Es tiempo privilegiado para la instrucción de los cristianos, mediante la meditación, ejercicios espirituales y cursos especiales de evangelización.

Nos invita a una particular purificación e iluminación, mediante la práctica del sacramento de la Reconciliación (Confesión) y la mayor frecuencia al sacramento de la Eucaristía.

También nos recuerda los 40 días que Jesús ayunó en el desierto y su lucha contra las tentaciones; los cuarentas años que el Pueblo de Dios pasó en el desierto; los cuarenta días que Moisés transcurrió en el Monte Sinaí; los cuarenta días de marcha de Elías para llegar al Monte Horeb.En las primeras comunidades cristianas la preparación prebautismal (catecumenal), era intensiva y se dirigía también a los otros sacramentos de iniciación -Confirmación y Eucaristía-, que se acostumbraba recibir durante la Vigilia Pascual. Esa preparación pretendía todo un proceso de transformación integral y profunda de la persona a la luz de la palabra de Dios. Era durante el tiempo anterior a la celebración de la Pascua que se inscribían y seleccionaban los candidatos a recibir el Bautismo, que habían estado estudiando ya fuertemente la doctrina cristiana y que se sometían a escrutinios para purificarse y protegerse contra las tentaciones y para rectificar la intención y mover la voluntad. Con estos fines el sacerdote oraba sobre los catecúmenos (personas que están recibiendo preparación para recibir el bautismo y la confirmación).La disciplina penitencial, se ejercía, naturalmente para los bautizados. Se trataba, en la mayoría de los casos de una disciplina muy rigurosa que se imponía a los que habían caído en pecado, con el fin de recuperarlos, mediante actos de purificación, que los preparaban a la reconciliación con Dios y con la Iglesia. El Miércoles de Ceniza, señalaba el inicio de la penitencia pública correspondiente a cada tipo de pecado, la penitencia continuaba por cuarenta días y consistía en ayunos, abstinencias, limosnas, hábito penitencial. Se pedía mayor oración, sacrificios y ejercicio de la caridad. Igual que hoy, el tiempo de la Cuaresma era un tiempo fuerte de oración, penitencia y ayuno. Miércoles de Ceniza: Marca el inicio de la semana santa. Los católicos tenemos una tradición que recuerda las antiguas costumbres del pueblo hebreo. Cuando se sabían en pecado o cuando se querían preparar para una fiesta importante en la que debían de estar purificados, se llenaban el cuerpo de ceniza y se vestían con un saco de tela áspera. Esto era, por un lado, para recordar la pequeñez del hombre que procede del polvo y al polvo volverá; y también para hacer sacrificio (mortificando al cuerpo) en señal de que se reconocían pecadores y que deseaban, por medio de esa penitencia externa, manifestar su deseo de arrepentimiento y perdón de parte de Dios. Ahora, acudimos al templo para que se nos imponga un poco de ceniza en la frente al iniciar la cuaresma -tiempo de preparación para la más grande fiesta que es la Pascua- . Los significados son básicamente los mismos: reconocernos pequeños, pecadores y con necesidad del perdón de Dios. Esto es solamente un signo que debe expresar lo más importante, que es la actitud interior de arrepentimiento y deseo de convertirnos a Dios, viviendo según su voluntad. Vivimos otros signos de penitencia a lo largo de toda la cuaresma, como son el ayuno y la abstinencia, con el mismo deseo de que Dios nos dé su gracia para lograr la conversión y vivir plenamente la gran fiesta de los cristianos, que es la Pascua.El Miércoles de Ceniza es un llamado a la conversión; Juan Bautista predicaba al Pueblo, hablando del bautismo y de la conversión para alcanzar el Perdón de los pecados (Marcos 1, 1-4). Jesús predica: El plazo se ha cumplido. El Reino de Dios se ha acercado. Tomen otro camino y crean en la Buena Nueva (Marcos 1,15). Conviértete y cree en el Evangelio: llamado a convertirnos cada uno, a nivel familiar, a nivel de grupo de amigos, a nivel de comunidad. Convertirse es volverse a Dios, reconocer nuestros pecados y querer cumplir la Voluntad de Dios y comprometernos. La Celebración de la Ceniza, no es algo meramente individual, sino que es una celebración comunitaria y eclesial. Es un llamado a convertirnos como Comunidad cristiana y como Iglesia. El Miércoles de Ceniza es una celebración de Fe. Pero la Fe no solamente consiste en creer con la cabeza sino en entregarse con el corazón y con la vida. El Tiempo de Cuaresma

La cuaresma abarca 5 domingos:

Empieza desde el miércoles de ceniza hasta antes de la misa vespertina del jueves santo

La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén se recuerda el domingo de ramos. Primer día de la semana santa.

 Cosas que deben recordar los acólitos

v     No se dice ni se canta el Gloria,

v     No se dice ni se canta el Aleluya;

v     No se ponen flores en el Altar.

 Normas sobre el ayuno y la abstinencia

Originalmente, ayunar se refiere a no comer alimentos sólidos, ordinariamente se prescribe el ayuno para un día completo y la abstinencia se refiere a dejar de comer cualquier tipo de carnes.

1.      El Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, son días de ayuno y abstinencia.

2.      Todos los viernes de Cuaresma son días de abstinencia de carne.

3.      Sujeto de la ley del ayuno y la abstinencia:
- Abstinencia de carne: todos los que han cumplido 14 años. La ancianidad, por sí sola, no exime de esta ley de abstinencia.
- Ayuno: todos los que han cumplido 18 años, hasta el comienzo de los sesenta.

 PASCUA

El corazón de la pascua es el triduo pascual hasta el domingo de resurrección.

 Tiempo de la Pascua

Comprende desde Domingo de Ramos, el triduo pascual y 7 semanas desde el Jueves Santo hasta Pentecostés, después de Pentecostés comienza el Tiempo Ordinario. En la Pascua se celebra la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

 

Domingo de Ramos: (6º Domingo Cuaresma) En la procesión con los ramos de olivo recordamos la entrada de Jesús en Jerusalén, como anuncio e imagen de su resurrección. La gente aclamaba a Jesús: "Hosanna". El color rojo recuerda a Jesús Rey (Mt. 27,28). Otro aspecto importante es el recuerdo de su pasión (Evangelio), que marcara la liberación de la humanidad del pecado y de la muerte.

Las lecturas bíblicas invitan a vivir en ese día los acontecimientos de entonces: aceptar a Cristo como el Señor y entrar vivencialmente al drama de la pasión.

 Lunes a Miércoles Santo: Son días propicios para la reflexión profunda, la Iglesia invita como en una "última llamada" a acercarse al Sacramento de la Confesión con el fin de estar preparados para vivir la vigilia pascual y el gran acontecimiento de la Pascua. El cristiano debidamente preparado estará en gracia de Dios para participar con toda la Iglesia del gran banquete de la Eucaristía en la Misa más importante del año. 

Jueves Santo: Se celebra la última cena, es la fiesta de la eucaristía, el primer sacrificio en que recordamos su institución. Además el gesto del lavado de pies a los apóstoles como signo de su amor hasta la muerte.

a)      La Misa Crismal: se celebra durante la mañana en la catedral, Todos los presbíteros de la diócesis se unen al Obispo que preside la celebración eucarística y bendice los Santos Óleos (aceites o crismas) que se usan en los sacramentos durante todo el año. Esta celebración es como una fiesta de todos los sacerdotes, que se alegran por su propia consagración y que ven en Cristo, cuyo nombre significa consagrado por medio de la unción, su modelo y su guía. Durante esta Misa se hace la renovación de las promesas sacerdotales, para renovar su compromiso de fidelidad para el servicio del Pueblo de Dios. Los Óleos que se bendicen son: el Óleo de los Catecúmenos con el que los cristianos reciben su primera unción en el Bautismo; el Óleo de los Enfermos, para el sacramento de la Unción; y el Santo Crisma, utilizado también en el Bautismo, en la Confirmación y en la unción en el Orden Sacerdotal.

b)      Misa Vespertina: con la que se inicia el Triduo Pascual (se le llama víspera). En esta misa se celebra la Institución de la Eucaristía, del Sacerdocio y el Mandato del Señor sobre la caridad fraterna. Es la conmemoración solemne de la "Ultima Cena" de Jesús con sus Apóstoles, cuando Jesús:

-         "da instrucciones" de cómo los cristianos deben recordar y actualizar su Sacrificio -la Eucaristía- "…hagan esto en memoria mía.." (Lc 22, 18-19)

-         "instituye formalmente el Ministerio de los Sacerdotes y pide por la unidad de su Iglesia "…que todos sean uno…" "Así como tú me enviaste al mundo, así yo también los envío al mundo….." (Jn 17, 11. 18)

-         Habla de lo más importante de la vida del cristiano: el amor "Ley doy este mandamiento nuevo. Que se amen unos a otros… como yo los he amado". (Jn 13,34.35).

Después de la comunión, la sagrada reserva es llevada en procesión solemne hacia donde se hace oración y adoración toda la noche en recuerdo del Huerto de los Olivos: ¿No han podido velar una hora conmigo? Le hacemos compañía y agradecemos se presencia permanente.

 

Viernes Santo: Recordamos la muerte de Jesús para salvarnos, La Iglesia no celebra un funeral, sino la muerte victoriosa del Señor. Es un día de amorosa contemplación del Sacrificio de Cristo. Ese es el único día que no se celebra la eucaristía durante el año, en la liturgia los puntos culminantes son el relato de la Pasión según San Juan, la Oración Universal, las lecturas bíblicas del profeta Isaías que anuncian detallando de manera sorprendente la pasión del Mesías y la adoración a la cruz con un beso (La cruz de Jesús ha salvado al mundo). La comunión empieza con el Padrenuestro en este día comienza la pascua, el paso de la muerte hacia la resurrección. La cruz es la victoria del amor sobre la muerte y el pecado.

a)      Adoración de la Cruz: Es más bien la Adoración de la persona de Cristo Crucificado y el misterio significado por esta muerte por todos los hombres. No es el material de la cruz, sino lo que la cruz significa para nosotros lo que los cristianos adoramos. La Iglesia levanta el signo de la victoria del Señor para manifestar el cumplimiento de lo que Jesús había dicho: "Y yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Jn 12,32). Al contemplar a Cristo Crucificado, vienen a la mente sus palabras. "Nadie tiene mayor amor, que el que da su vida por sus amigos" (Jn 15,13). Cosas que deben recordar los Acólitos el Viernes Santo

v     Día de Ayuno y abstinencia, es decir: disminuimos la cantidad de alimento y nos abstenemos de comer carne.

v     Día de silencio y recogimiento interior.

 

Sábado Santo: es un día de silencio, sin música ni adornos. En este día se suele organizar retiros para profundizar el misterio pascual, propicio para la reflexión la oración, esperando la hora de la víspera para dar inicio a la vigilia pascual a la noche.

 

Vigilia pascual (del sábado al Domingo): es la celebración de la muerte y resurrección de Cristo. Esta la noche santa, la noche en la cual cristo sale de la tumba, victorioso de la muerte, la noche en que la iglesia desde su comienzo espera la segunda venida del Señor.

a)      Bendición del fuego: Primero, los fieles reunidos escuchan las lecturas de la palabra de Dios que les recuerdan la historia de la salvación desde la creación hasta la resurrección de Jesús. Se enciende el cirio Pascual, imagen de cristo, quien ilumina al mundo que se encontraba en tinieblas (el pecado y la muerte), representando a Cristo resucitado. La noche culmina con la eucaristía y suenan las campanas, mudas desde el jueves.

a.                  CIRIO PASCUAL: Se enciende el Cirio Pascual, que simboliza a Cristo resucitado y se reparte su fuego para encender las velas que todos los fieles llevan a la celebración, significando que Cristo, "Luz del Mundo", ilumina la vida de los hombres con su Resurrección. Se coloca al frente, en el presbiterio, desde donde domina toda la asamblea.

b.                  PROCESIÓN: Consiste en entrar al templo o lugar de la celebración, precedidos por el Sacerdote que lleva el Cirio Pascual en Alto, significa que somos el Nuevo Pueblo de Dios, nacido de la Pascua; peregrinos seguimos a Cristo Resucitado, nuestro Jefe y Luz del Mundo a través del desierto de esta vida hacia la Patria Celestial.

c.                   LITURGIA DE LA PALABRA: El símbolo de la luz del cirio cede el lugar a la realidad de Cristo, luz del mundo, presente en su Palabra, proclamada en esta noche. En ninguna otra celebración hay tantos textos como en esta. Son nueve lecturas que presentan en síntesis la Historia de la Salvación, entre otras se encuentra la narración de la salida de Egipto hacia la libertad pasando por el Mar Rojo. Las lecturas se hacen a manera de diálogo entre Dios y la comunidad, cada una está precedida de momentos de silencio, aclamaciones y cantos de salmos.

d.                  LITURGIA BAUTISMAL: Momento en que se bendice el agua bautismal, se celebra el Bautismo a quienes se hayan preparado para ingresar en la comunidad cristiana y se renuevan las promesas bautismales por parte de todos los presentes.

e.                  LITURGIA EUCARÍSTICA: Como en todas las Celebraciones Eucarísticas (Misas), se prepara el altar con los dones del pan y el vino, para hacer presente la Pascua de Cristo, como Él nos lo enseñó. La celebración eucarística es el centro de toda la vigilia. La palabra eucaristía, significa "acción de gracias". En esta noche pascual, la Iglesia celebra su acción de gracias a Padre por habernos dado a su Hijo muerto y resucitado. En esta noche se comprende más que nunca el porqué los primeros cristianos llamaron Eucaristía a la Cena del Señor. Este es el momento en que nació la verdadera Eucaristía: ¡La Pascua!. Por esto, el Misterio de la Noche Pascual culmina en la Eucaristía, que ya no la ofrece Cristo solo, sino en compañía de su Iglesia.

En síntesis la bendición del fuego posee cuatro elementos importantes: la Luz, la Palabra, el Agua y el Pan eucarístico.

 

Pascua de resurrección: es el día en que Jesús resucita, el día en que Jesús vence a la muerte.

 

Ascensión: celebra el regreso del Cristo resucitado a la casa de su padre, así abre para todos el camino hacia el Padre Dios.

 

Pentecostés: Cierra el tiempo pascual. Celebra la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. Este les envía los dones necesarios. Según San Lucas este es el día en que nace la Iglesia.

 

Después de Pentecostés hay algunas fiestas grandes que transcurren durante el año litúrgico:

 

La Santísima Trinidad: un tributo de honor al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo al culminar el tiempo Pascual.

 

Corpus Christi (la fiesta del Cuerpo y de la Sangre de Cristo): se celebra el segundo domingo después de Pentecostés. En este día se suele llevar el Santísimo Sacramento en procesión solemne.

 

Sagrado Corazón de Jesús: se celebra el viernes después de Corpus Christi.

 

Aquí sigue la segunda serie de domingos ordinarios.

El Año litúrgico termina con la fiesta de Cristo Rey.

 

Grados de las Celebraciones

 

DIFERENCIA ENTRE DOMINGO Y FERIA

La liturgia distingue entre el Domingo (Cuya celebración empieza en las vísperas del Sábado) y las ferias, que son los demás días de la semana. Los días en que no se conmemora a ningún santo generalmente se llaman “ferias” y la misa que se celebra en esos días se llama: “Misa de feria” o “Misa ferial”. Las ferias pueden ser corrientes o privilegiadas. Las ferias privilegiadas son las de Adviento y la de Cuaresma.

 

MEMORIAS

Son celebraciones discretas que tan sólo se agregan a la celebración que corresponde al día. La memoria es obligatoria o libre. La obligatoria debe celebrase si no está impedida; la libre se observa o no, según la oportunidad o la devoción.

 

FERIAS

Son celebraciones de mayor importancia, pero que se realizan totalmente en el día asignado a la fiesta.

 

SOLEMNIDADES

Son celebraciones  aún más importantes:

1.      Siempre empiezan en las “Vísperas”, es decir, la tarde del día anterior.

2.      A veces tienen “Vigilia”, es decir, tienen misa propia el día anterior: Navidad y Pentecostés.

3.      A veces tienen “Octava”, es decir, la celebración se prolonga durante toda la semana que sigue: Pascua y Navidad.

 

Las solemnidades pueden ser de día fijo o día variable:

Las solemnidades de día fijo son las siguientes:

Solemnidad

Fecha

Santa María, Madre de Dios

1 Enero

Epifanía

6 Enero (se traslada al Domingo)

San José

19 marzo

Anunciación del Señor

25 Marzo

Nacimiento de Juan Bautista

24 Junio

Santos Pedro y Pablo

29 Junio

Asunción de la Virgen María

15 Agosto

Todos los Santos

1 Noviembre

Inmaculada Concepción

8 Diciembre

Navidad del Señor

25 Diciembre

 

Las Solemnidades de día variable son las siguientes:

Pascua

Ascensión

Pentecostés

Santísima Trinidad

Corpus Christi

Sagrado Corazón de Jesús

Cristo Rey

También existen solemnidades y fiestas marianas están son:

Solemnidades Marianas:

Inmaculada Concepción

8 Diciembre

Santa María, Madre de Dios

1 Enero

La Asunción del Señor, se celebra conjuntamente con María

25 Marzo

Nuestra Señora del Carmen

16 Julio y ultimo domingo de Septiembre

La Asunción de la Virgen

15 Agosto

 

Fiestas Marianas:

Natividad de la Santísima Virgen María

8 Septiembre

Visitación de la Virgen María

31 Mayo

Presentación del Señor, se celebra conjuntamente con María

2 Febrero

Ntra. Señora de Guadalupe, Patrona de América Latina

12 Diciembre

 

Memorias Marianas:

Virgen de Lourdes

11 Febrero

Dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor

5 Agosto

Virgen Reina

22 Agosto

Virgen del Rosario

7 Octubre

Presentación de María en el templo

21 Noviembre

Corazón Inmaculado de María

Sábado Después del 2° Domingo Después Pentecostés

 

Días de Precepto

 

Llamamos días de precepto o fiestas de guarda a fiestas religiosas que no caen en día domingo, pero en las cuales debemos participar en la celebración eucarística igual que en todos los domingos. En Chile, estos días son:

Asunción o el Transito de la virgen

15 Agosto

Todos los Santos

1 Noviembre

Inmaculada Concepción

8 Diciembre

Navidad

25 Diciembre

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AÑO VOCACIONAL

AÑO VOCACIONAL

Durante este año, los obispos de Chile, nos han invitado a celebrar y a vivir un Año Vocacional que ha tenido como objetivo principal el crear cultura vocacional en nuestras parroquias, comunidades, colegios, liceos y familias. El desafío sin duda que es enorme ya que la cultura no la gestamos de un día para otro, al contrario, necesitamos de mucho tiempo para ir introduciendo la temática Vocacional y para ir viviendo nuestra vocación y misión desde el llamado personal que el Señor nos hace a cada uno. Ser cristiano no es simplemente cumplir ciertos requisitos o practicar algunos ritos. Ser cristiano es ante todo saberse hijo amado del Padre, vivir con la conciencia de ser discípulo de Jesucristo y de que tengo una misión que llevar adelante en el mundo. Ser cristiano es saber que Dios me llama por mi nombre y que me regala una vocación para vivir al servicio de los demás.

Este año Vocacional ha estado marcado de manera especial por la oración en nuestras comunidades por las vocaciones sacerdotales y religiosas. Ha sido hermoso ver como en muchas comunidades, parroquiales y educativas, se ha puesto como intención principal la necesidad que tenemos en nuestra Iglesia de contar con más mujeres y hombres consagrados para así poder atender mejor a todo el Pueblo de Dios. Se han multiplicado las iniciativas en torno a la oración y a la animación de las vocaciones: encuentros de oración, adoración al Santísimo, festivales de música vocacionales, peregrinaciones, Eucaristías, formación, paneles con testimonios vocacionales y tantas otras expresiones que buscaban ayudarnos a tomar conciencia de nuestra propia vocación y a invitar a otros a reconocerse también llamados a trabajar en la viña del Señor.

El año Vocacional no se cierra aquí. Quedan muchos desafíos por delante, podemos decir que estamos recién empezando. Ha sido un año en el que hemos aprendido muchísimo, no todo lo que teníamos programado lo pudimos llevar adelante, pero sí hemos visto que muchos nos hemos ido sensibilizando en torno a la dimensión Vocacional de la vida cristiana. Para el año que viene seguiremos “incando el diente” en esta línea prioritaria de nuestro plan pastoral, buscando especialmente continuar animando la creación y formación de equipos vocacionales en nuestras comunidades.

Esperando contar con el apoyo de todos ustedes me despido fraternalmente en el Señor.

Lionel de Ferrari, Pbro.
Director Departamento de Pastoral Vocacional.
Arzobispado de Santiago

¿Qué quiere Dios de mí?

En estos meses, la Iglesia intensificará su labor para crear una cultura que promueva que cada persona descubra y fortalezca su propia vocación, que es el llamado de Dios a servirlo y seguirlo de una manera particular. Todos debiéramos preguntarnos: ¿Qué quiere Dios de mí?

-Este año vocacional coincide con el llamado del Papa al año del Rosario. Sin duda es una ocasión propicia –señalan los obispos– para rezar por las vocaciones y por esa especial vocación a la Santidad a la que estamos llamados todos los cristianos con el Bautismo.

Con el lema "Te he llamado por tu nombre", los obispos nos invitan a descubrir en nuestras vidas el llamado y la voluntad de Dios, de manera de fortalecer nuestra vocación, que da sentido y plenitud a la vida. Esto, en el marco del 2003, que es el "Año de las vocaciones" y el Año del Rosario.

"No se quiere hacer un año vocacional simplemente porque existen menos vocaciones sacerdotales o religiosas. Todo lo contrario, los obispos buscan promover en la Iglesia, en el pueblo de Dios, una cultura vocacional que permita a los cristianos preguntarse por su propia vocación", explica el padre Lionel de Ferrari, director del Departamento de Vocaciones del Arzobispado de Santiago.

Sobre lo anterior aclaró que, si bien es cierto que la vocación común es la santidad, "los bautizados estamos llamados a vivir esa santidad, pero en estados de vida distintos, no sólo como sacerdotes, sino también en la vida consagrada, en el matrimonio, o comprometidos en la política, la economía, las artes". Señaló que vocación viene del latín ‘vocare’ y significa llamar. "Cuando Dios te llama te invita a servirlo y seguirlo en un estilo de vida particular", destaca el Padre Ferrari.

Proyecto de vida

Un punto importante en este año es crear en la sociedad y en la Iglesia una cultura que ayude a descubrir el proyecto personal de vida y a recuperar valores superiores. "Es una cultura de la vida y para la vida, que invita a encontrarse consigo mismo y que se basa en el Evangelio del amor, la amistad, la trascendencia, la familia, la solidaridad y por sobre todo, en el carácter sagrado de la vida, especialmente cuando se trata del pobre y abandonado", señala, por su parte, Monseñor Pablo Lizama, Obispo Castrense y Presidente de la Comisión Nacional de Pastoral Vocacional, en un mensaje dirigido a la Iglesia y a los jóvenes del país al inicio del Año Vocacional.

Por otra parte, Monseñor Lizama -a nombre de todos los obispos- pidió a los chilenos aprovechar el año vocacional para encontrarse con Jesucristo a través de "la lectura orante de la Palabra de Dios, de la visa sacramental, en particular en la participación constante en las celebraciones eucarísticas y en el sacramento de la reconciliación, participando vivamente en la vida de la Iglesia".

Asimismo, invitó a los jóvenes a responder con gratitud y fidelidad a Dios ante la vocación a la que Él los llama. "No tengan duda que ofreciendo sus vidas, en el servicio al pueblo de Dios, a través del sacerdocio y en la vida consagrada, o en el matrimonio, podrán desarrollar con plenitud de vida, el llamado a la santidad y al servicio del Reino", destacó.

El Padre Ferrari destaca, además, que lo importante en este tiempo es que los jóvenes –hombres y mujeres- sean capaces de hacerse la pregunta: ¿Qué quiere Dios de mí? "No se trata simplemente de lo que yo quiero para mí", puntualiza. Es lógico –agrega- que los jóvenes piensen en su futuro imaginándose en el matrimonio o desarrollándose profesionalmente, pero hay que atreverse a ir "un poquito más a lo profundo y preguntarle al Señor: ¿Qué quieres tú de mí?"

"Por supuesto, -afirma el P. Lionel- uno tiene que estar dispuesto a que Dios pida lo que él quiera, porque puede que Dios me diga ‘te quiero como sacerdote o como religiosa o como esposa o como consagrado’. Lo importante es tener claro que cuando Dios pide algo, siempre entrega los medios para llevar adelante eso que me pide y ahí donde Dios nos llama, está también nuestra felicidad".

Discurso a los Jovenes en el Estadio Nacional

Queridos jóvenes de Chile:

1.      He deseado vivamente este encuentro que me ofrece la oportunidad de comprobar en directo vuestra alegría, vuestro cariño, vuestro anhelo de una sociedad más conforme a la dignidad propia del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios (cf.  Gén. 1, 26).  Sé que son éstas las aspiraciones de los jóvenes chilenos y por ello doy gracias a Dios.He leído vuestras cartas y escuchado con gran atención y conmoción vuestros testimonios, en los que ponéis de manifiesto no sólo las inquietudes, problemas y esperanzas de la juventud chilena en las diversas regiones, ambientes y condiciones sociales.Habéis querido exponer lo que pensáis sobre nuestra sociedad y nuestro mundo, indicando los síntomas de debilidad, de enfermedad y hasta de muerte espiritual.  Es cierto: nuestro mundo necesita una profunda mejoría, una honda resurrección espiritual.  Aunque el Señor lo sabe todo, quiere que, con la misma confianza de aquel jefe de la sinagoga, Jairo -que cuenta la gravedad del estado de su hija:"Mi niña está en las últimas" (Mc. 5, 23)-, le digamos cuáles son nuestros problemas, todo lo que nos preocupa o entristece.  Y el Señor espera que le dirijamos la misma súplica de Jairo, cuando le pedía la salud de su hija: "Ven, pon las manos sobre ella, para que sane" (Ibid.). Os invito pues a que os unáis a mi oración por la salvación del mundo entero, para que todos los hombres resuciten a una vida nueva en Cristo Jesús. No sólo Chile tiene problemas.  Hay Chile, pero también existen otros países, otros pueblos, otras naciones que luchan contra la muerte.  Se debe rezar para lograr en ellas una vida nueva en Cristo Jesús.  El es la Vida.  El es el Camino.  Él es la Verdad. 2.    Deseo recordaros que Dios cuenta con los jóvenes, y las jóvenes de Chile para cambiar este mundo.  El futuro de vuestra patria depende de vosotros.  Vosotros mismos sois un futuro, el cual se configurará como presente según se configuren ahora vuestras vidas.  En la carta que dirigí a los jóvenes y a las jóvenes de todo el mundo con ocasión del Año Internacional de la Juventud, os decía: "de vosotros depende el futuro, de vosotros depende el final de este Milenio y el comienzo del nuevo.  No permanezcáis pues pasivos; asumid vuestras responsabilidades en todos los campos abiertos a vosotros en nuestro mundo" (n. 16).  Ahora, en este estadio, lugar de competiciones, pero también de dolor y sufrimiento en épocas pasadas, quiero volver a repetir a los jóvenes chilenos: ¡asumid vuestras responsabilidades!  Estad dispuestos, animados por la fe en el Señor, a dar razón de vuestra esperanza (cf. 1 Pe. 3, 15). Vuestra mirada atenta al mundo y a las realidades sociales, así como vuestro genuino sentido crítico que os ha de llevar a analizar y valorar juiciosamente las condiciones actuales de vuestro país, no pueden agotarse en la simple denuncia de los males existentes.  En vuestra mente joven han de nacer, y también ir tomando forma, propuestas de soluciones, incluso audaces, no sólo compatibles con vuestra fe, sino también exigidas por ella.  Un sano optimismo cristiano robará de este modo el terreno al pesimismo estéril y os dará confianza en el Señor.

3.    ¿Cuál es el motivo de vuestra confianza?  Vuestra fe.  El reconocimiento y aceptación del inmenso amor que Dios continuamente manifiesta a los hombres: Dios, un Padre, que nos ama a cada uno desde toda la eternidad, que nos ha creado por amor y que tanto nos ha amado, a los pecadores, hasta entregar a su Hijo Unigénito para perdonar nuestros pecados, para reconciliarnos con Él, para vivir con El una comunión de amor que no terminara jamás. (Mensaje a los jóvenes, 30 noviembre, 1986, n. 2).  Sí, Jesucristo muerto, Jesucristo resucitado es para nosotros la prueba definitiva del amor de Dios por todos los hombres.  Jesucristo, "el mismo ayer y hoy y por los siglos" (Heb. 13, 8).  Jesucristo continúa mostrando por los jóvenes el mismo amor que describe el Evangelio cuando se encuentra con un joven o una joven.Así podemos contemplarlo en la lectura bíblica que hemos escuchado: la resurrección de la hija de Jairo, la cual -puntualiza San Marcos- "tenía doce años" (Mc. 5, 42).  Vale la pena detenernos a contemplar toda la escena.  Jesús, como en tantas otras ocasiones, está junto al lago, rodeado de gente.  De entre la muchedumbre sale Jairo, quien con franqueza expone al Maestro su pena, la enfermedad de su hija, y con insistencia le suplica su curación: "Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva" (Me. 5, 23).  "Jesús se fue con él" (Mc. 5, 24).  El corazón de Cristo, que se conmueve ante el dolor humano de ese hombre y de su joven hija, no permanece indiferente ante nuestros sufrimientos.  Cristo nos escucha siempre, pero nos pide que acudamos a Él con fe.Poco más tarde llegan a decir a Jairo que su hija ha muerto. Humanamente ya no había remedio.  "Tu hija se ha muerto; ¿Para que molestar más al Maestro? (Mc. 5, 36). El amor que Jesús siente por los hombres, por nosotros, le impulsa a ir a la casa de aquel jefe de la sinagoga.  Todos los gestos y las palabras del Señor expresan amor.  Quisiera detenerme particularmente en esas palabras textuales recogidas de los labios de Jesús: "La niña no está muerta, está dormida".  Estas palabras, profundamente reveladoras me llevan a pensar en la misteriosa presencia del Señor de la Vida en un mundo que parece como si sucumbiera bajo el impulso desgarrador del odio, la violencia, de la injusticia; pero, no.  Este mundo, que es el vuestro, no está muerto, sino adormecido.  En vuestro corazón, queridos jóvenes, se advierte el latido fuerte de la vida, del amor de Dios.  La juventud no está muerta cuando está cercana al Maestro, cuando está cercana a Jesús todos vosotros estáis cercanos a Jesús. He escuchado vuestras palabras, vuestras reacciones, todos queréis a Jesús, buscáis a Jesús, queréis encontrar a Jesús. Seguidamente Cristo entra en la habitación donde está ella, la toma de la mano y le dice: "Contigo hablo, niña, levántate" (Mc. 5, 41).  Todo el amor y todo el poder de Cristo -el poder de su amor- se nos revelan en esa delicadeza y en esa autoridad con que Jesús devuelve la vida a esa niña y le manda que se levante.  Nos emocionamos al comprobar la eficacia de la palabra de Cristo: "La niña se puso en pie inmediatamente, y echó a andar" (Mc. 5, 42).  Y en esa última disposición de Jesús antes de irse -"que dieran de comer a la niña" (Mc. 5, 43)- descubrimos hasta qué punto Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, conoce y se preocupa de todo lo nuestro, de todas nuestras necesidades, materiales y espirituales. De la fe en el amor de Cristo por los jóvenes nace el optimismo cristiano que manifestáis en este Encuentro, también en situaciones difíciles. ¡Sólo Cristo puede dar la verdadera respuesta a todas vuestras dificultades!  El verdadero mundo está necesitado de vuestra respuesta personal a las palabras de vida del Maestro: "Contigo hablo, levántate".Estamos viendo cómo Jesús sale al paso de la humanidad, en las situaciones más difíciles y penosas.  El milagro realizado en la casa de Jairo nos muestra su misericordia, su poder sobre el mal; es el Señor de la vida, el vencedor de la muerte.Comparábamos antes el caso de la hija de Jairo con la situación de la sociedad actual.  Sin embargo, no podemos olvidar que, según nos enseña la fe, la causa primera del mal, de la enfermedad, de la misma muerte, es el pecado en sus diferentes formas.En el corazón de cada uno y de cada una anida esta enfermedad que a todos nos afecta: el pecado personal, que arraiga más y más en las conciencias, a medida que se pierde el sentido de Dios.  Sí, amados jóvenes, estad atentos a no permitir que se debilite en vosotros el sentido de Dios.  No se puede vencer el mal con el bien si no se tiene el sentido de Dios.  De su acción, de su presencia, que nos invita a apostar siempre por la gracia, por la vida, contra el pecado, contra la muerte.  Está en juego la suerte de la humanidad: "El hombre puede construir un mundo sin Dios, pero este mundo acabará por volverse contra el hombre. ¡Contra el hombre!" (Reconciliatio et paenitentia, n. 18). De ahí que tengamos que ver las aplicaciones sociales del pecado para edificar un mundo digno del hombre.  Hay males sociales que dan pie a una verdadera "comunión del pecado" porque, junto con el alma, rebajan consigo a la Iglesia y en cierto modo al mundo entero (cf.  Ibíd. n. 16).  Es justa la reacción de la juventud contra esa funesta comunión en el pecado que envenena al mundo. Amados jóvenes.  Luchad con denuedo contra las fuerzas del mal en todas sus formas, ¡luchad contra el pecado!  Combatid el buen combate de la fe por la dignidad del hombre, por la dignidad del amor, por una vida noble, de hijos de Dios.  Vencer el pecado mediante el perdón de Dios es una curación, es una resurrección.  Hacedlo con plena conciencia de vuestra responsabilidad irrenunciable.

5.      Si penetráis en vuestro interior descubriréis sin duda defectos, anhelos de bien no satisfechos, pecados, pero igualmente veréis que duermen en vuestra intimidad fuerzas no actuadas, virtudes no suficientemente ejercitadas, capacidades de reacción no agotadas.¡Cuántas energías hay como escondidas en el alma de un joven o de una joven! ¡Cuántas aspiraciones justas y profundos anhelos que es necesario despertar, sacar a la luz!  Energías y valores que muchas veces los comportamientos y presiones que vienen de la secularización asfixian y que sólo pueden despertar en la experiencia de fe, experiencia de Cristo vivo.  Sí, de Cristo muerto, Cristo crucificado, Cristo resucitado.¡Jóvenes chilenos: no tengáis miedo de mirarlo a Él!  Mirad al Señor: ¿qué veis? ¿Es sólo un hombre sabio? ¡No! ¡Es más que eso! ¿Es un profeta? ¡Sí! ¡Pero es más aún! ¿Es un reformador social? ¡mucho más, mucho más!  Mirad al Señor con ojos atentos y descubriréis en Él el rostro mismo de Dios.  Jesús es la palabra que Dios tenía que decir al mundo. Es Dios mismo que ha venido a compartir nuestra existencia, cada una de ellas.Al contacto de Jesús despunta la vida.  Lejos de El sólo hay oscuridad y muerte.  Vosotros tenéis sed de vida. ¿De qué vida? ¡De vida eterna!  Buscadla y halladla en quien no sólo da la vida sino en quien es la Vida misma. ¡Él!

6.      Este es, amigos míos, el mensaje de vida que el Papa quiere transmitir a los jóvenes chilenos: ¡buscad a Cristo! ¡mirad a Cristo! ¡vivid en Cristo!  Este es mi mensaje: "que Jesús sea la 'piedra angular' (cf.  Ef. 2, 20) de vuestras vidas y de la nueva civilización que en solidaridad generosa y compartida tenéis que construir.  No puede haber auténtico crecimiento humano en la paz y en la justicia, en la verdad y en la libertad, si Cristo no se hace presente con su fuerza salvadora" (Mensaje a los jóvenes, 30 noviembre 1986, n. 3). ¿Qué significa construir vuestra vida en Cristo?  Significa dejaros comprometer por su amor.  Un amor que pide coherencia en el propio comportamiento, que exige acomodar la propia conducta a la doctrina y a los mandamientos de Jesucristo y de su Iglesia; un amor que llena nuestras vidas de una felicidad y de una paz que el mundo no puede dar (cf.  Jn. 14, 27), a pesar de que tanto la necesita.  No tengáis miedo a las exigencias del amor de Cristo.  Temed, por el contrario, la pusilanimidad, la ligereza, la comodidad, el egoísmo; todo aquello que quiera acallar la voz de Cristo que, dirigiéndose a cada una, a cada uno, repite: "Contigo hablo, levántate" (Mc. 5, 41). Mirad a Cristo con valentía, contemplando su vida a través de la lectura sosegada del Evangelio; tratándole con confianza en la intimidad de vuestra oración, en los sacramentos, especialmente en la Sagrada Eucaristía, donde él mismo se ofrece por nosotros y permanece realmente presente.  No dejéis de formar vuestra conciencia con profundidad, seriamente, sobre la base de las enseñanzas que Cristo nos ha dejado y que su Iglesia conserva e interpreta con la autoridad que de El ha recibido. Si tratáis a Cristo, oiréis también vosotros en lo más íntimo del alma los requerimientos del Señor, sus insinuaciones continuas.  Jesús continúa dirigiéndose a vosotros y repitiéndoos: "Contigo hablo, levántate (Mc. 5, 41), especialmente cada vez que no seáis fieles con las obras a quien profesáis con los labios.  Procurad, pues, no separamos de Cristo, conservando en vuestra alma la gracia divina que recibisteis en el bautismo, acudiendo siempre que sea necesario al sacramento de la reconciliación y del perdón. 7.      Si lucháis por llevar a la práctica este programa de vida enraizado en la fe y en el amor a Jesucristo, seréis capaces de transformar la sociedad, de construir un Chile más humano, más fraterno, más cristiano.  Todo ello parece quedar resumido en la escueta frase del relato evangélico: "se puso enpie inmediatamente y echó a andar" (Mc. 5, 42).  Con Cristo también vosotros caminaréis seguros y llevaréis su presencia a todos los caminos, a todas las actividades de este mundo, a todas las injusticias de este mundo.  Con Cristo lograréis que vuestra sociedad se ponga a andar recorriendo nuevas vías, hasta hacer de ella la nueva civilización de la verdad y del amor, anclada en los valores propios del Evangelio y principalmente en el precepto de la caridad, el más divino y más humano de los preceptos.Cristo nos está pidiendo que no permanezcamos indiferentes ante la injusticia, que nos comprometamos responsablemente en la construcción de una sociedad más cristiana, una sociedad mejor.  Para esto es preciso que alejemos de nuestra vida el odio; que reconozcamos como engañosa, falsa, incompatible con su seguimiento, toda la ideología que proclame la violencia y el odio como remedios para conseguir la justicia.  El amor vence siempre, como cristo ha vencido, el amor ha vencido.  El amor vence siempre aunque, en ocasiones, ante sucesos y situaciones concretas pueda parecernos impotente; Cristo también parece impotente en la cruz, pero Dios siempre puede más.En la experiencia de fe con el Señor, descubrid el rostro de quien por ser nuestro Maestro es el único que puede exigir totalmente, sin límites.  Optad por Jesús y rechazad las idolatrías del mundo, los ídolos que buscan seducir a la juventud.  Sólo Dios es adorable.  Sólo él merece vuestra entrega plena. ¿Verdad que queréis rechazar el ídolo de la riqueza, la codicia de tener, el consumismo, el dinero fácil? ¿Verdad que queréis rechazar el ídolo del poder, como dominio sobre los demás, en vez de la actitud de servicio fraterno, de la cual Jesús dio ejemplo? ¿ Verdad? ¿Verdad que queréis rechazar el ídolo del sexo, del placer, que frena vuestros anhelos de seguimiento de Cristo por el camino de la cruz que lleva a la vida?  El ídolo que puede destruir el amor.Con Cristo, con su gracia, sabréis ser generosos para que todos vuestros hermanos los hombres, y especialmente los más necesitados, participen de los bienes materiales y de una formación y de una cultura adecuada a nuestro tiempo, que les permita desarrollar los talentos naturales que Dios les ha concedido.  De ese modo será más fácil conseguir los objetivos de desarrollo y bienestar imprescindibles para que todos puedan llevar una vida digna y propia de los hijos de Dios. 8.    Joven, levántate y participa, junto con muchos miles de hombres y mujeres en la Iglesia, en la incansable tarea de anunciar el Evangelio, de cuidar con ternura a los que sufren en esta tierra y buscar maneras de construir un país justo, un país en paz.  La fe en Cristo nos enseña que vale la pena trabajar por una sociedad más justa, que vale la pena defender al inocente, al oprimido y al pobre, que vale la pena sufrir para atenuar el sufrimiento de los demás. ¡Joven, levántate!  Estás llamado a ser un buscador apasionado de la verdad, un cultivador incansable de la bondad, un hombre o una mujer con vocación de santidad.  Que las dificultades que te toca vivir no sean obstáculo a tu amor, a tu generosidad, sino un fuerte desafío.  No te canses de servir, no calles la verdad, supera tus temores, sé consciente de tus propios límites personales.  Tienes que ser fuerte y valiente, lúcido y perseverante en este largo camino.  No te dejes seducir por la violencia y las mil razones que aparentan justificarla.  Se equivoca el que dice que pasando por ella se logrará la justicia y la paz.Joven, levántate, ten fe en la paz, tarea ardua, tarea de todos.  No caigas en la apatía frente a lo que parece imposible.  En ti se agitan las semillas de la vida para el Chile del mañana. El futuro, de justicia, el futuro de la paz, pasa por tus manos y surge desde lo profundo de tu corazón.  Sé protagonista en la construcción de una nueva convivencia, de una sociedad más justa, sana y fraterna. 9.      Concluyo invocando a nuestra Madre, Santa María bajo la advocación de Virgen del Carmen, Patrona de vuestra patria.  Tradicionalmente a esta advocación han acudido siempre los hombres del mar, pidiendo a la Madre de Dios amparo y protección para sus largas y, en muchas ocasiones, difíciles travesías.  Poned también vosotros bajo su protección la navegación, de vuestra vida joven no exenta de dificultades y Ella os llevará al puerto de la vida verdadera

Discurso a los pobladores de la Zona Sur de Santiago

Amadísimos hermanos y hermanas en Cristo Jesús: Antes de comenzar mi discurso, quiero agradecer los conmovedores testimonios con mucha atención.

1.      Al verme hoy en medio de vosotros, queridos pobladores de la periferia y de los barrios más pobres de Santiago, no puedo ocultaros que una inmensa conmoción invade mi corazón, al meditar en estas palabras del Evangelio: "Nadie conoce al Hijo más que el Padre"; el Padre "lo ha revelado a la gente sencilla"; el Padre ha querido revelaros a vosotros a su Hijo "porque así le ha parecido mejor" (Mt. 11, 25-SS.).Al igual que los Apóstoles Pedro y Juan cuando subían al Templo para orar, así también yo tengo que deciros que no traigo "oro ni plata" (Act. 3, 6), pero vengo en nombre de Jesucristo a anunciamos el amor de la predilección del Padre, que ha querido revelar la esperanza del Reino a los pobres, a los sencillos de corazón, a los que abren sus puertas al Señor y no desdeñan su mano de misericordia.Conozco vuestros sufrimientos, ahora he conocido mejor, conozco, también, vuestro clamor de esperanza que ha llegado a mis ojos y a mis oídos.  Por eso, como mensajero del Evangelio os animo a buscar en Jesucristo la anhelada paz.  Jesús mismo nos invita a aprender de él la mansedumbre, la humanidad del corazón, y a depositar en él nuestra esperanza.  Esa esperanza tan característica de este maravilloso pueblo y de toda América Latina, que os permite mantener la alegría, la paz interior, y celebrar los acontecimientos de la vida aun en medio de tantas y graves dificultades.  Pero también aquí, como en otros muchos lugares, he podido ver con dolor la pobreza de muchos en contraste con la opulencia de algunos.

2.      He venido hasta esta población vuestra para proclamar nuestra común fe en el Hijo de Dios y en sus enseñanzas.  Me encuentro aquí para anunciar, una vez más, las bienaventuranzas del Señor: "Bienaventurados los pobres en el espíritu porque de ellos es el reino de los cielos" (Mt. 5, 3).  Bienaventurados vosotros si tenéis un corazón sin apegos terrenos, porque de esa manera el Padre os revelará sus misterios y os ayudará a cargar con el yugo de Jesús, a llevarlo como Él hasta encontrar vuestro descanso.En Cristo encuentra el hombre lo que no podrían procurarle todos los bienes de este mundo.  Como el Buen Pastor nos dice: "Venid a mí... yo os aliviaré... encontraréis descanso" (Mt. 11, 28-29) y nos invita a llevar su yugo, esto es, la ley del amor; Una ley que libera y que es descanso para el alma.  Cualquier carga es ligera cuando estamos unidos a Cristo, cuando es Él quien nos da energía y respiro para seguir caminando.  Por el contrario, ¡qué pesado resulta el fardo cuando se lleva sin Cristo!  Tal es el fardo del egoísmo, del odio, de la violencia, de la dureza de corazón, que no pocas veces se suman para hacer ingrata y hasta imposible la convivencia humana.  Estamos ante el reverso de la ley del amor cuando no se ve en el prójimo a un hijo de Dios y hermano en Cristo, sino que se le considera solamente como un instrumento, únicamente útil para satisfacer las propias apetencias.  Este individualismo egoísta, que es un desorden fruto del pecado, impide la creación de lazos de humanidad y fraternidad que hagan sentirse al hombre miembro de una comunidad, parte solidaria de un pueblo unido.

3.      En esta Zona Sur he querido estar presente, aunque sea por tan breve tiempo, para mostraros visiblemente mi solicitud por cuanto estáis haciendo para formar comunidades de vida y de trabajo en las que solidariamente os esforzáis con empeño en vivir vuestra fe, vuestra esperanza y vuestra caridad cristianas.Toda la historia de la Revelación es un testimonio del papel, que juega la comunidad en la obra de salvación.  Dios mismo, por medio de Jesucristo, se ha revelado como una auténtica comunidad: la Trinidad Santa, una maravillosa comunión que es el fundamento y el modelo para toda relación basada en el amor.  La Iglesia Universal y esta Iglesia en Chile son manifestación de ese espíritu de comunidad, que congrega a los hombres para hacerlos partícipes de la vida divina.Y precisamente expresión de esa vida son también varias formas de comunidad, que dan consistencia a vuestras poblaciones.  Ante todo, la familia, que el Concilio Vaticano 11 definió como la "escuela del más rico humanismo" (Gaudium et spes, 52).  Ella es la célula fundamental de toda sociedad, primera e insustituible catequista de los hijos.  Las verdades, los valores, los comportamientos, los modos de pensar, de relacionarse con las otras personas y con el mundo, se aprenden en el hogar y es ésta una misión y un derecho que hay que ejercer amorosamente, y que hay que defender ante los peligros de un mundo materialista que propone el acumular cosas como el sumo bien del hombre y de la sociedad.  "El hombre vale más por lo que es, que por lo que tiene" (Gadium et spes, 35).Quienes han respirado en el seno de sus propias familias una atmósfera de auténtica comunidad, se sentirán más inclinados a comprometerse con sus hermanos en la tarea de construir una sociedad renovada, más humana y acogedora.  Ello supone dar vida a formas de asociación que contribuyan, cada una a su manera, a la consecución del bien común, y que ayuden a satisfacer mejor "muchos derechos de la persona humana, sobre todo los llamados económico-sociales, los cuales miran fundamentalmente a las exigencias de la vida humana" (Mater et Magistra, 61).

4.      Obviamente, se ha de tender a que se vivan en cada familia las virtudes sociales que fomentan el desarrollo pleno de cada uno de sus miembros: el, diálogo, la comunicación, la corresponsabilidad y la participación, la capacidad de sacrificio, la fidelidad.  Todas ellas deben ser expresión y fruto del amor.  Tomad como modelo la Sagrada Familia de Nazaret; en ella habrá de inspirarse todo programa de renovación cristiana y social en la familia y desde la familia.Son también manifestaciones de la vida y del sentido comunitario aquellas formas de organización popular que buscan mejorar el nivel de vida de los pobladores de los barrios: las asociaciones vecinales, los talleres laborales, los grupos de vivienda, los grupos de salud, de apoyo escolar, las ollas familiares, los comedores infantiles, los clubes juveniles y deportivos, los grupos de folklore y, en fin, tantas manifestaciones de aquella solidaridad que debe caracterizar "el noble empeño por la justicia".Estas iniciativas podrán ser, a su vez, semillas de nuevas formas de organización social que abran el camino a una auténtica y efectiva participación de todos los ciudadanos en las decisiones que afectan a su vida y a su destino.  De esta manera los grupos van transformándose poco a poco en auténticas comunidades solidarias y participativas.  Si bien, es igualmente necesario que esos grupos no pretendan monopolizar toda la acción ni ahogar la iniciativa y justa autonomía y libertad de los individuos.

5.      La Iglesia os acompaña en vuestros esfuerzos y legítimas aspiraciones, consciente de que -como ya señaló mi venerado predecesor el Papa Pablo VI- entre evangelización y promoción humana existen efectivamente lazos muy fuertes (cf.  Evangelii nuntiandi, 31).  Es ésta una parte importante de la labor apostólica que tantos agentes de pastoral desarrollan entre los más necesitados.  A vosotros, sacerdotes, religiosos, religiosas, diáconos, catequistas, laicos comprometidos, quiero dirigir mi palabra de aliento para que continuéis ilusionados en vuestras tareas de construir el Reino de Dios, mediante la Palabra anunciada en su integridad, mediante los Sacramentos celebrados en la fe, con el testimonio de vuestras propias vidas, tomando como modelo a Cristo, pobre y humilde de corazón, "el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza" (2 Cor. 8, 9).En perfecta sintonía con el Magisterio auténtico de la Iglesia y en íntima comunión con los Pastores, sed fieles a vuestra vocación y a la misión que habéis recibido, y no permitáis que otros intereses, extraños al Evangelio, enturbien la pureza de vuestra labor de asistencia y santificación.  Tenéis entre vosotros eximios ejemplos de apóstoles que, a pesar de las dificultades e incluso incomprensiones, supieron desempeñar su ministerio pastoral a costa de los mayores sacrificios.

6.                              La Iglesia, queridos hermanos y hermanas, ha recibido del mismo Jesucristo la misión de hacer realidad su mandamiento central: "Esto os mando: que os améis unos a otros" (Jn. 15, 17).  La Iglesia tiene, por tanto, la misión de abrazar a todos los hombres en su amor y de abrir a todos el camino de salvación, sin excluir a nadie.  Ella proporciona a todos las riquezas espirituales de que es depositaria; a todos alimenta con el Cuerpo del Señor, les administra los Sacramentos y les comunica la vida divina.  Gracias a esta preocupación suya de engendrar la vida y conservarla, los fieles sienten el impulso interior de llamarla "Madre": La Iglesia es madre de todos; ella extiende su amor a todos los hombres, sin distinción, y con todos usa de su misericordia.  Pero es justo que, como una madre, tenga ella especial solicitud por aquellos hijos suyos que sufren, por los enfermos, por los necesitados, por los indigentes, por los pecadores.  La Iglesia tiene que hacer realidad la acción de Dios mismo, que "levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre" (Sal. 113, 7-8).Por tanto, os digo: Contad siempre con esta solicitud maternal de la Iglesia que se conmueve ante vuestras necesidades, por vuestra pobreza, por la falta de trabajo, por las insuficiencias en educación, salud, vivienda, por el desinterés de quienes, pudiendo ayudaros, no lo hacen; ella se solidariza con vosotros cuando os ve padecer hambre, frío, abandono. ¿Qué madre no se conmueve al ver sufrir a sus hijos, sobre todo, cuando la causa es la injusticia? ¿Quién podría criticar esta actitud? ¿Quién podría interpretarla mal?7.       He sabido que entre vosotros, así como en diversos lugares y diócesis del país, surgen Comunidades Eclesiales de Base, las cuales "deben ser destinatarias especiales de la evangelización y al mismo tiempo evangelizadoras" (cf.  Evangelii nuntiandi, 58).  Tales comunidades, para que correspondan a su verdadera identidad, deben ser un lugar de encuentro y fraternidad, y deben nacer del deseo de vivir intensamente la vida misma de la Iglesia en un contexto de relación más humana, más de familia.  En su seno debe acogerse la Palabra de Dios tal como la transmite la Iglesia y también en su seno corresponde celebrar, en una perspectiva de fe, los acontecimientos que jalonan la peregrinación hacia la casa del Padre.Estas Comunidades han nacido, con frecuencia, como fruto de una Misión, de un grupo de catequesis familiar, de la celebración del Mes de María -bella y fecunda tradición de la religiosidad popular chilena-, de círculos bíblicos, de la búsqueda de solución a los problemas de la vida diaria en las poblaciones, y de tantas otras manifestaciones de la auténtica vitalidad propia de la Iglesia.Como compromiso eclesial concreto, exhorto a todos a una mayor profundización de la vida cristiana, a un conocimiento más hondo de la fe católica, a una vida personal y familiar más coherente con la fe que se profesa, a la participación frecuente y activa en la vida litúrgica de la Iglesia, a un estilo de vida más marcado por la fraternidad y el sentido de comunidad.Para que el surgimiento de las Comunidades Eclesiales de Base sea una fuerza revitalizadora del auténtico dinamismo de la Iglesia en Chile, es necesario que mantenga siempre una clara identidad eclesial.  Esto supone, ante todo, estar en íntima unión con el Obispo diocesano y sus colaboradores; supone desarrollar y hacer propias las enseñanzas del Magisterio auténtico de la Iglesia, del Papa y de los Obispos; y supone evitar cuidadosamente toda tentación de encerrarse en sí mismas, lo que las llevaría fatalmente a renunciar a algo tan esencial como es la proyección universalista y misionera que debe caracterizar a cualquier iniciativa que se precie de ser católica.  Esta identidad eclesial requiere, finalmente, que las Comunidades Eclesiales de Base eviten la tentación de identificarse con partidos o posiciones políticas que pueden ser muy respetables, pero que no pueden pretender ser la única expresión válida de la proyección evangélica sobre la vida y opciones políticas del país.Por el contrario, es prenda fehaciente de que dichas Comunidades son auténticamente eclesiales, cuando la palabra de Dios es la que congrega a los fieles y les impulsa a reflexionar sobre ella para proyectarla; cuando la maduración de la fe se hace a partir de una Catequesis seria y vivencias; cuando la Eucaristía es el centro de la vida y la comunión de sus miembros; cuando las relaciones interpersonales se dan en la fe, la esperanza y el amor; cuando la comunión con los pastores es inquebrantable; cuando el compromiso por la justicia está presente en la realidad de sus ambientes; cuando sus miembros son sensibles a la acción del Espíritu que suscita permanentemente carismas y servicios en el interior de la Comunidad y para la Iglesia Universal (cf.  Evangelii nuntiandi, 58; Puebla 640-642). 8.      A la vista de tantas manifestaciones de vitalidad de vuestras comunidades, deseo exhortaras igualmente a reforzar los lazos de vuestra solidaridad; una solidaridad que tenga su fundamento último en los principios de vuestra fe cristiana.  Vienen a mi mente las palabras de los Obispos latinoamericanos reunidos en Puebla de los Ángeles: "Es conmovedor sentir en el alma del pueblo la riqueza espiritual desbordante de fe, esperanza y amor.  En este sentido, América Latina es un ejemplo para los demás Continentes y mañana podrá extender su sublime vocación misionera, más allá de sus fronteras" (Mensaje, 3).  Estoy seguro de que será imposible que en vuestros corazones se apague la esperanza.  En efecto, la visión optimista de la vida que os hace, aun en medio de la pobreza, aun en medio de las dificultades, capaces de celebrar, de reír, de gozar en las alegrías sencillas de cada día, no proviene de la irresponsabilidad o de la ignorancia. ¡No!  Ella tiene una sola explicación: vuestra profunda fe cristiana.  Nace de vuestro amor a Cristo y del acatamiento de sus enseñanzas.  Es la alegría que Cristo ha comunicado a sus discípulos cuando declaraba: "Os he dicho estas cosas para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea pleno"(Jn. 15, 1 l).

9.                              Hace pocos días se cumplieron veinte años de la publicación de la Encíclica del Papa Pablo VI sobre el desarrollo de los pueblos, la "Populorum progressio".  No sin dolor tenemos que reconocer que aquella voz profética sigue resonando en el mundo sin que haya encontrado una respuesta adecuada.  Por eso, hoy, aquí, en este continente de la esperanza, en medio de vosotros, pobladores de Santiago, quiero repetir a todos los hombres y mujeres de buena voluntad de América Latina y del mundo, las palabras de Pablo VI, con el mismo espíritu con que fueran por él propuestas: "que los individuos, los grupos sociales y las naciones se den fraternalmente la mano; el fuerte ayudando al débil a levantarse, poniendo en ello toda su competencia, su entusiasmo y su amor desinteresado.  Más que nadie, el que está animado de una verdadera caridad es ingenioso para descubrir las causas de la miseria, para encontrar los medios de combatirla, para vencerla con intrepidez" (Populorum progressio, 75).La Iglesia, consciente de que todos formamos una familia, la gran familia de los hijos de Dios, repite su llamada para que cada uno desde su posición social, desde su ambiente, utilizando los medios a su alcance, grandes o pequeños, se empeñe en desterrar de vuestra tierra todas las causas de la pobreza injusta.  Colaborad en la construcción de un mundo más justo y fraterno que tenga sus fundamentos "en la verdad, establecido de acuerdo con las normas de la justicia, sustentado y henchido por la caridad y, finalmente, realizado bajo los auspicios de la libertad" (Pacem in terris, 167).

10.    Al concluir este discurso, que me ha permitido compartir con vosotros el gozo de sentir que Dios manifiesta sus misterios a los sencillos de corazón, y en el que hemos meditado también sobre la solicitud materna de la Iglesia hacia todos sus hijos, especialmente hacia los pobres y perseguidos, es justo destacar que, de entre sus miembros, nadie inspira ese amor con mayor intensidad que la Madre de Dios, la Santísima Virgen María.  Vosotros esto lo sabéis, pues el amor a la Virgen forma parte de vuestra alma y nadie podrá arrebataras este patrimonio. ¡Que la Virgen del Carmen, Reina de Chile, os haga sentir ahora y siempre su amor materno! ¡Que ella vuelva hacia vosotros sus ojos misericordiosos y os dé a Jesús!Antes de concluir quiero, una vez más, agradecer de todo corazón los testimonios de los pobladores que he escuchado con mucha atención y que me han conmovido profundamente.

A todos bendigo, de modo particular a los niños, a los ancianos, a los enfermos, a todos los que sufren.

Saludo y Bendición a la Ciudad de Santiago y Chile (Cerro San Cristobal)

"Mi alma proclama la grandeza del Señor" (Lc. 1, 46)

1.      Desde este hermoso Cerro San Cristóbal, quiero dirigir mi palabra de saludo a Santiago y a todo Chile con las palabras de María en el canto del Magnificat.Sí, mi alma proclama la grandeza del Señor al contemplar el espectáculo de la ciudad que se extiende a los pies de la cordillera.  Mi plegaria y mi afecto se dirigen a todos vosotros que os unís a esta celebración vespertina con vuestra presencia, a través de la radio o la televisión.  Quiero que el saludo cariñoso del Papa llegue a todos los rincones de este noble país: desde el desierto de Atacama hasta la Tierra del Fuego, recorriendo los Andes, columna vertebral de América, haciéndose eco en los volcanes, reflejándose en los lagos y resonando en los bosques, visitando como amigo el corazón de cada chileno para darle esperanza, alegría, voluntad de superar dificultades y continuar construyendo la sociedad nueva de la gran familia chilena.Agradezco vivamente las afectuosas palabras de bienvenida que Monseñor Bernardino Piñera, Presidente de la Conferencia Episcopal, me ha dirigido en nombre de los Obispos y de toda la Iglesia de Chile.

En este Cerro coronado por la imagen de María Inmaculada y en el contexto de su canto del Magnificat, no puedo menos de sentir cómo el Todopoderoso sigue haciendo obras grandes y maravillosas en todos vosotros que, como piedras vivas (cf. 1 Pe. 2, 5), constituís la realidad de esta Iglesia

2.      Elevo mi canto de alabanza al Señor por los sacerdotes, que con su entrega generosa reúnen la familia de Dios en comunidad de hermanos y la conducen a Dios Padre por medio de Cristo en el Espíritu (cf.  Lumen gentium 28).  Alabo al Señor por los diáconos en cuyo ministerio tan apreciable se reflejan, en modo especial, las palabras de Jesús que afirma que El vino a servir y no a ser servido (cf.  Mt. 20, 28), porque su labor es un auxilio eficaz para la acción pastoral de los Obispos y Presbíteros.  Alabo al Señor por los religiosos y religiosas, que mediante su consagración y su servicio al prójimo son signo y anticipo de las promesas del Reino de los cielos.Doy gracias a Dios por los jóvenes y las jóvenes que han escuchado el llamado de Jesús y se preparan en los Seminarios y en las Casas de Formación para el ministerio sacerdotal y la vida religiosa.  Por tantos laicos comprometidos como catequistas, animadores de Comunidades eclesiales de base y en tantas otras formas de apostolado.El encuentro con vosotros en esta tarde otoñal, hace latir mi corazón como el de Isabel al recibir el saludo de María.  Y también como Isabel, quiero yo proclamaras bienaventurados por haber creído, por haber acogido en vuestros corazones la Palabra de Vida y por manifestar esa fe en vuestro compromiso de servicio a la comunidad de los hermanos, por amor de Dios.

Doy gracias a Dios, en fin, por toda esta Iglesia que, tratando de seguir las huellas de su Maestro, profesa un amor de preferencia por los pobres.  Hoy también, como en sus comienzos, la Iglesia quiere imitar a su Fundador que ofreció como prueba de su mesianidad el que la Buena Noticia era anunciada a los pobres (cf.  Mt. 11, 5).  De esta manera se hacen realidad las palabras de María que en su cántico nos recuerda cómo en los planes de Dios los últimos serán los primeros, los humildes ensalzados y los pobres colmados de los bienes del Reino.

3.      Por eso hoy, desde este lugar que a los pies de María ha sido durante más de medio siglo un faro de esperanza, saludo y bendigo a todos los habitantes del país, desde Arica al Cabo de Hornos y hasta la isla de Pascua; pero de una manera especialmente entrañable a los que más sufren en su cuerpo y en su espíritu: a los hombres, mujeres y niños de las poblaciones marginales; a las comunidades indígenas, a los trabajadores y a sus dirigentes, a quienes han sufrido los estragos de la violencia, a los jóvenes, a los enfermos, a los ancianos.  Tienen también acogida en mi corazón de Pastor todos los chilenos que, desde tantas partes del mundo, miran con nostalgia a la patria lejana.  Como Sacerdote y Pastor pienso con amor en todos aquellos que, cediendo a las fuerzas del mal, han ofendido a Dios y a sus hermanos: en nombre del Señor Jesús los llamo a la conversión para que tengan paz.

Al iniciar mi peregrinación entre vosotros, como signo de mi presencia en vuestra tierra y de mi deseo de compartir el mensaje de la paz y de la vida con todos, imparto mi Bendición hacia los cuatro puntos cardinales de esta querida tierra chilena.  Quiero traspasar los límites de la ciudad para visitar con la Bendición de Dios la dureza del desierto minero, la fertilidad de las tierras de las que con sudor sacáis el sustento diario; las nieves eternas de la Cordillera y las profundidades marinas donde florece la vida en el silencio de las aguas.  Para todo Chile será mi bendición, para cada chileno mi palabra y para los más pequeños y necesitados lo mejor de mi afecto.

Discurso a los sacerdotes, religiosos, dáconos y seminaristas en la Celebración de Visperas

1.    "Considerad, hermanos, vuestra vocación" (1 Cor. 1, 26).Con estas palabras invitaba el apóstol Pablo a los cristianos de Corinto a una reflexión sobre el significado de la propia vocación.  Con estas palabras deseo también comenzar hoy, queridos sacerdotes, religiosos, diáconos y seminaristas, invitándoos a meditar sobre el don que cada uno de vosotros ha recibido al ser llamado por Dios, a fin de que reconozcáis una vez más la grandeza de vuestra vocación, y os llenéis de agradecimiento hacia Aquel que ha hecho en vosotros cosas grandes (cf.  Lc. 1, 49)."No hay entre vosotros muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles" (1 Cor. 1, 26).  Ved, hermanos míos, el punto de partida que el Apóstol quiere resaltar: la insuficiencia de nuestros recursos humanos, el escaso valor de nuestras facultades, para la misión que Cristo ha confiado a los ministros de su Iglesia.  Sin embargo, esta misma realidad -la clara conciencia de la indignidad personal- nos sitúa, con actitud evangélica, "más cerca" dela elección divina, y subraya ulteriormente la índole sobrenatural y gratuita de la llamada de que hemos sido objeto.  Sí, amadísimos hermanos, Dios nos ha escogido no por nuestros méritos, sino en virtud de su misericordia.En efecto, "de El os viene lo que sois vosotros en Cristo Jesús, el cual ha sido constituido para nosotros sabiduría, justicia, santificación y redención, de modo que, según está escrito; el que se gloríe, gloríese en el Señor" (1 Cor. 1, 30- 3 l).  El don sobrenatural que hemos recibido debe llevarnos, por tanto, a gloriarnos total y solamente en Cristo.  Quien tiene conciencia de no ser nada, puede descubrir que Cristo lo es todo para él (cf.  Jn. 20, 28); que en Cristo está la única fuente de su verdadera existencia; y esta glorificación en Cristo constituye precisamente el rasgo característico que revela la verdadera humildad personal, y la consiguiente entrega, sin reservas, de sí mismo a Dios y a los hermanos.  Sí, por el contrario, nos creyésemos sabios, autosuficientes, superiores, quedaríamos confundidos y nuestro trabajo sería estéril, porque El se sirve de "lo vil y lo despreciable del mundo, lo que no es nada, para destruir lo que es, para que ninguno se gloríe delante de Dios" (1 Cor. 1, 28-29).

2.      Amados hermanos, está todavía reciente el momento en que, con profunda emoción, he besado por primera vez esta bendita tierra chilena.  Ahora me encuentro reunido con vosotros en la Iglesia Catedral de Santiago, para dar gracias a Dios nuestro Señor que ha dirigido mis pasos hacia aquí, y también para pedir junto con vosotros, invocando a la Trinidad Beatísima -por la intercesión de Santa María, patrona de este Templo- que sean muchos los frutos de renovación y de santidad en todos y en cada uno de los miembros de esta Iglesia de Dios que peregrina en Chile, y de la que vosotros representáis una porción escogida.  Pensad que habéis sido llamados por Dios en un momento particularmente importante.  La Iglesia, en efecto, se dispone a iniciar el tercer milenio de su peregrinación hacia la Casa del Padre de los cielos, hacia la Jerusalén celestial.  América Latina se prepara además a conmemorar los 500 años del comienzo de la evangelización de los hombres del Nuevo Mundo.  Todo ello dará ocasión para que, con la ayuda del Espíritu, se renueve vuestro compromiso y fidelidad a la misión evangelizadora que la Iglesia comenzó aquí hace ya casi cinco siglos.

3. Demos "gracias al Padre, que os ha hecho idóneos para participar en la herencia de los santos en la Luz" (Col. 1, 12).  Con este agradecimiento al Padre, y con la actitud humilde y sumisa que nos recordaba San Pablo hace unos instantes, contemplad ahora vuestra idoneidad.  Ella es consecuencia de haber sido rescatados por Cristo del poder de las tinieblas y de haber sido trasladados al Reino del Hijo de su amor, obteniendo así "la redención, el perdón de los pecados" (cf.  Col. 1, 13-14), "ya que en Él quiso el Padre que habitase toda la plenitud, y quiso también por medio de El reconciliar consigo todas las cosas, tanto las de la tierra como las del cielo, pacificándolas por la sangre de su cruz" (Col. 1, 19-20).En Cristo todo el mal ha sido ya vencido; la muerte ha sido derrotada en su misma raíz que es el pecado.  Cristo ha bajado hasta la profundidad del corazón del hombre con el arma más poderosa: el amor, que es más fuerte que la muerte (cf.  Cant. 8, 6).  De este modo, los cristianos -y más aún los ministros de Dios- no avanzamos en la historia con paso incierto.  No podemos hacerlo porque hemos sido rescatados del "poder de las tinieblas" (Col. 1, 13), avanzamos por el justo camino "en la herencia de los santos en la luz" (Col. 1, 12).  Por tanto, cualquier incertidumbre que nos pueda acechar, cualquier tentación de carácter personal o sobre la eficacia de nuestra misión y ministerio, puede ser superada en esta estupenda perspectiva de unión a Cristo, en quien todo lo podemos, porque Él es nuestra victoria definitiva.  En El se halla el principio y la raíz de nuestra victoria personal, en El hallamos la fuerza necesaria para superar cualquier dificultad, pues el Señor es para nosotros "sabiduría, justicia, santificación y redención" (Col. 1, 130). 4.      Queridísimos míos, ¡Cristo vive!  Vive hoy y actúa poderosamente en la Iglesia y en el mundo.  Y nosotros hemos sido llamados a actuar en su nombre y en su representación: In nomine et in persona Christi (Presbyterorum Ordinis 2, 13).  Anunciamos a los hombres su salvación, celebramos sacramentalmente su propio culto salvífico, enseñamos a cumplir sus mandamientos.  Cristo vive hoy, y continúa desplegando incesantemente su obra salvadera en la Iglesia.Muy elocuentes son, en este sentido, las palabras del salmista que hace unos momentos hemos pronunciado: "Tú eres sacerdote para siempre" (Sal. 109/110, 5).¡Oh Cristo!  Tú eres el único, eterno y sumo sacerdote.  Tú eres el único sacerdote del único sacrificio, del que también eres Víctima (cf.  Hebr. 5, 7, 8, 9).  Tú eres la única fuente del sacerdocio ministerial en la Iglesia.

5.      La respuesta que corresponde a este don no puede ser otra que la entrega total: un acto de amor sin reservas.  La aceptación voluntaria de la llamada divina al sacerdocio fue, sin duda, un acto de amor que ha hecho de cada uno de nosotros un enamorado.  La perseverancia y la fidelidad a la vocación recibida consiste, no sólo en impedir que ese amor se debilite o se apague (cf.  Ap. 2, 4), sino principalmente en avivarlo, en hacer que crezca más cada día.Cristo inmolado en la Cruz nos da la medida de esa entrega, ya que nos habla de amor obediente al Padre para la salvación de todos (cf.  Flp. 2, 6 ss.). El sacerdote, tratando de identificarse totalmente con Cristo, sacerdote eterno, debe manifestar en el altar y en la vida este amor y esta obediencia.  Como he dicho en otra ocasión, "un sacerdote vale lo que vale su vida eucarística, sobre todo su Misa.  Misa sin amor, sacerdote estéril, Misa fervorosa, sacerdote conquistador de almas.  Devoción eucarística descuidada y no amada, sacerdocio desfalleciente y en peligro" (Al clero italiano, 16 febrero 1984).

Hemos de considerar también que nuestro ministerio va dirigido a rescatar a los hombres del "poder de las tinieblas" y trasladarlos al "Reino del Hijo de su amor", mediante "la redención, el perdón de los pecados" (Col. 1, 1314).

 6.      Comprendéis que os estoy invitando a realizar una pastoral, que podríamos llamar de la primacía de Cristo en todo. Hemos de llevar a los hombres hacia Cristo, Redentor del hombre.  En Él está todo, en Él habita la plenitud, en El ya ha sido vencido el mal.  Por eso, nuestro anuncio es siempre de esperanza, de paz, de confianza y de serenidad.  Con el ministerio de la palabra de Dios nos dirigimos a la conciencia de cada uno, para que se abra a Cristo, y la iluminamos con la doctrina del Maestro: la misma que estudiamos, meditamos y aplicamos a nuestras propias vidas.En nuestras manos sacerdotales, amados hermanos, Cristo ha querido depositar el inmenso tesoro de la redención, de la remisión de los pecados.  Quiero exhortaras a que no descuidéis esta realidad salvadera.  Mostrad siempre un especial aprecio por el sacramento de la reconciliación, en el cual los cristianos reciben la remisión de sus pecados.  Habéis de impulsar una acción pastoral que arrastre a los fieles hacia la conversión personal, para lo cual habéis de dedicar al ministerio del perdón todo el tiempo que sea necesario, con generosidad, con la paciencia de auténticos "pescadores de hombres".

Por otro lado, si el sacerdote ha de conducir a las almas por este camino de la conversión, El mismo deberá recorrerlo, convirtiéndose a Dios, volviéndose hacia Él, cuantas veces sea preciso.  Debéis estar permanentemente abiertos a Cristo, fuente de esa redención, de la que sois instrumentos en las manos de Dios.

 7.      "El que se gloríe, que se gloríe en el Señor" (cf. 1 Cor. 1, 3 l). La Iglesia entera da gloria a Dios.  Y una de las manifestaciones más importantes de esa alabanza es ciertamente el testimonio de los religiosos, religiosas y miembros de Institutos de vida consagrada.  La Iglesia, amados hermanos, necesita de vuestro testimonio y de vuestro servicio.  Considerad que para llevar a cabo la misión que Dios os ha confiado, es preciso que vuestra vida sea signo del espíritu fundacional de vuestras respectivas familias religiosas.  Rechazad pues cualquier tentación que os pueda llevar a descuidar las exigencias de los consejos evangélicos que habéis profesado.  Amad la vida en comunidad, avanzad por el camino suave de la obendiencia a vuestros Superiores, cooperando de este modo a dar a la vida comunitaria una unidad real y tangible; tened en gran aprecio el signo externo que debe distinguir inconfundiblemente vuestra consagración a Dios.Meditad frecuentemente la trascendencia eclesial de vuestra consagración, en la perspectiva escatológica del Reino.  Así, se intensificará vuestra comunión con toda la Iglesia, pondréis de manifiesto el valor absoluto de la entrega a Cristo y seréis portadores de frutos abundantes.

También vosotros, cuantos os habéis consagrado a Dios por la pertenencia a Institutos Seculares, daréis un edificante testimonio mediante vuestra labor apostólica que quiere llevar a Dios todas las realidades temporales.

 8.      Me dirijo ahora de modo especial a vosotros, diáconos permanentes y seminaristas.  Junto con todos mis hermanos en el Episcopado, os digo que la Iglesia en Chile pone en vosotros una particular esperanza.  Quisiera que en esta confianza vierais también un llamado a la responsabilidad. ¡Es Cristo quien os ha llamado!  El Papa y los Obispos agradecemos a Dios, juntamente con vosotros, el don de vuestra vocación que Él hace a su Iglesia y procuramos ayudaros, con el fin de que vuestro sí a Cristo sea pleno.No descuidéis en ningún momento, vuestra preparación espiritual, desarrolladla armónicamente junto con los otros aspectos de vuestra formación.  Amad el estudio que es un imprescindible instrumento del ministerio pastoral y haced de él, queridos seminaristas, alimento de la meditación personal, practicad una piedad recia y sólida, sed dóciles; y sinceros en la dirección espiritual, invocad a Santa María, Madre del sumo y eterno Sacerdote, para que guíe, como Madre, vuestros pasos hacia el sacerdocio.9.      Quisiera ahora recordar a todos, con palabras de San Lucas, que "un día, estando Jesús orando en cierto lugar, acabada la oración, le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar" (Lc. 1 1, l).  Habían visto a Jesús recogido en oración y sintieron el profundo deseo de imitarlo.  El ejemplo del Maestro despertó en los discípulos la necesidad de hablar con el Padre.  También yo, desde esta catedral de Santiago, deseo dirigir mi súplica, en nombre de todos: Señor, ¡enséñanos a orar! ¡Muéstranos la eficacia de la oración! ¡También nosotros queremos seguir tu ejemplo!Sí, amadísimos hermanos, es preciso que sepamos encontrar cada día un espacio de tiempo para recogernos en diálogo personal con Dios.  Este diálogo es imprescindible para nuestro ministerio, porque los presbíteros, como dice el Decreto Presbyterorum Ordinis, buscando el modo de 6 £ enseñar más adecuadamente a los otros lo que ellos han contemplado, gustarán más profundamente las inescrutables riquezas de Cristo (Ef. 3, 8), y la multiforme sabiduría de Dios" (n. 13).  Efectivamente, ¿cómo le podremos dar a conocer si no lo tratamos? ¿Cómo encenderemos en los fieles un amor ardiente a Dios si nosotros no estamos unidos a él por un trato continuo, vital?En la carta que dirigí a todos los sacerdotes, el año pasado, con motivo de la solemnidad del Jueves Santo, les proponía el ejemplo del Santo Cura de Ars, invitándolos a meditar sobre nuestro sacerdocio a la luz de la vida de ese modelo de pastores.  Quiero ahora recordamos lo que escribí en esa ocasión: "La oración fue el alma de su vida.  Una oración silenciosa, contemplativo, las más de las veces en su iglesia, al pie del tabernáculo.  Por Cristo, su alma se abría a las tres Personas divinas, a las que en el testamento Él entregaría 'su pobre alma'.  Él conservó una unión constante con Dios en medio de una vida sumamente ocupada.  Y nunca descuidó ni el oficio divino, ni el rosario.  De modo espontáneo se dirigía constantemente a la Virgen" (n. 11). 10.    Al comienzo os he hablado del don maravilloso que hemos recibido, en el llamado divino.  No quiero concluir este encuentro sin añadir unas palabras sobre la responsabilidad en fomentar nuevas vocaciones sacerdotales.  Esta debe ser una preocupación prioritaria que debe manifestarse en nuestra oración y en nuestro apostolado.  Pido a la Virgen del Carmen -a quien Chile venera como Patrona- que con vuestro celo y vuestro ejemplo sean muchas las almas que se entreguen a Cristo en el sacerdocio y en la vida consagrada.  La Iglesia en Chile los necesita para continuar, en esta nueva etapa, la inmensa tarea de evangelización. ¡Santa María, Reina de Chile, Reina de América, intercede ante tu hijo, y escúchanos!Con grande afecto por todos y cada uno de vosotros os imparto la Bendición Apostólica.