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Parroquia Santa Madre de Dios

Discurso de Llegada en el Aeropuerto de Pudahuel Santiago

Excelentísimo Señor Presidente de la República,
Señores Miembros de la Junta de Gobierno
Amados hermanos en el Episcopado
Autoridades civiles y militares,
Hermanos y hermanas todos muy queridos:

1.¡Alabado sea Jesucristo!  Sean estas las primeras palabras que pronuncian mis labios en esta querida tierra de Chile. Con ellas quiero expresar mi saludo, mi plegaria y el lema de mi ministerio apostólico, ya que como Pastor universal, mi afán, así como el de toda la Iglesia, no es otro que el de alabar y celebrar a Jesucristo, anunciando su nombre bendito a todos los pueblos, porque no hay otro nombre en el que podamos encontrar la salvación ( cf.  Act. 9, 12).Prosiguiendo mi ya largo itinerario evangelizador por las más diversas latitudes de orbe, llego ahora a vuestra amada nación.  Con inmensa alegría y profunda gratitud a Dios y a su dulce Madre, la Virgen del Carmen, he besado, lleno de emoción, el suelo de esta noble tierra, he querido abrazar así, con expresiva simpatía y especial afecto, a todos los chilenos sin distinción, hombres y mujeres, familias, ancianos, jóvenes y niños.Vengo a vosotros como siervo de los siervos de Dios, Obispo de Roma, que empuña el cayado de peregrino, la Cruz de Cristo Salvador, y se hace heraldo de evangelización, mensajero de nueva vida en Cristo y de la paz verdadera: "La paz -pues- a todos vosotros los que estáis en Cristo", os digo con palabras de San Pedro (1 Pe. 5, 14).En este saludo queda compendiado el más profundo deseo que brota de mi corazón de hermano vuestro y Pastor de vuestras almas.

2.Dios me concede hoy la gracia de ver cumplida la aspiración, por mí tan acariciada, de venir a visitamos.  Por eso, mi gozo es ahora grande.  Os agradezco vuestra cordial bienvenida con la que manifestáis la generosa hospitalidad que es una de las características de este pueblo chileno noble y acogedor.  Sé que desde hace tiempo esperabais este encuentro, que deseabais ardientemente recibir al, Papa para expresarle vuestro amor y reforzar el vínculo de fidelidad que os une al Sucesor de Pedro.Al visitar vuestra tierra yo bendigo y alabo al Creador, que la ha dotado con una prodigiosa riqueza de bellezas naturales, concentrando aquí -como dicen vuestras leyendas- todo lo que le restó al finalizar la obra de la creación del mundo: montañas, lagos y mares, climas diversos, vegetación espléndida y áridos desiertos, colores y panoramas fascinantes.Admiro la maravillosa naturaleza de vuestras tierras, pero admiro sobre todo vuestra fe, que yo deseo confirmar y estimular.  Sois un pueblo cristiano y esta es vuestra mejor riqueza.  Recibisteis la luz del Evangelio hace ya casi cinco siglos y ahora el Sucesor de Pedro viene a alentar entre vosotros un nuevo esfuerzo evangelizador.

3.Así pues, mi peregrinación por vuestras ciudades, Santiago, Valparaíso, Punta Arenas, Puerto Montt, Concepción, Temuco, La Serena y Antofagasta, será un itinerario de evangelización.Mi mensaje va destinado por igual a todos los hijos de Chile, es un mensaje pascual y, por lo tanto, es un mensaje de vida: de la vida en Cristo, presente en su Iglesia; también en la Iglesia que está en Chile, para promover en el mundo la victoria del bien sobre el mal, del amor sobre el odio, de la unidad sobre la rivalidad, de la generosidad sobre el egoísmo, de la paz sobre la violencia, de la convivencia sobre la lucha, de la justicia sobre la iniquidad, de la verdad sobre la mentira: en una palabra, la victoria del perdón, de la misericordia y de la reconciliación.Esa vida en Cristo y por Él es la que da plenitud a la existencia humana aquí en la tierra, a la vez que es prenda de la vida eterna en los cielos.

4.Con el Evangelio en la mano, quiero sentirme peregrino dentro del corazón de todo hombre y de toda mujer chilenos, en el corazón de este pueblo que vive su concreta experiencia histórica, con los desafiantes problemas del presente.  Vengo para compartir vuestra fe, vuestros afanes, alegrías y sufrimientos.  Estoy aquí para animar vuestra esperanza y confirmaros en el amor fraterno.Como heraldo de Cristo, portavoz de su mensaje al servicio del hombre, junto con todos los Pastores de la Iglesia, proclamo la inalienable dignidad de la persona humana creada por Dios a su imagen y semejanza y destinada a la salvación eterna.Animado por este espíritu, exclusivamente religioso y pastoral, quiero celebrar con vosotros el misterio pascual de Jesucristo, para insertarlo más profundamente en la vida y en la historia de vuestra patria tan amada.Meditaremos en común las enseñanzas del Señor, rezaremos unidos, y comunitariamente trataremos de hacer que el mensaje del divino Redentor penetre en nuestras vidas y en las estructuras de la sociedad, para transformarlas según el plan de Dios, convirtiendo los corazones y construyendo un país reconciliado.

5.He aceptado con gozo la amable y reiterada invitación a visitamos que me hicieran tanto el Señor Presidente de la República como vuestros Obispos.Reciba usted, Señor Presidente, mi deferente saludo, así como la expresión de mi gratitud por sus cordiales palabras de bienvenida.  Un saludo y un agradecimiento que hago extensivo a las demás personalidades aquí presentes: Miembros de la Junta de Gobierno, ministros de Estado, magistrados de la Corte Suprema de Justicia y demás autoridades civiles y militares.Mis sentimientos de gratitud se expresan en afectuoso abrazo de paz a mis hermanos en el Episcopado, que se hallan aquí presentes para recibirme en nombre de toda la amada Iglesia que está en Chile.  Saludo igualmente con afecto a los sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, catequistas y laicos, que con su trabajo apostólico y testimonio cristiano, edifican el Reino de Cristo, en fidelidad a Dios y a la Iglesia.Saludo finalmente a todos los habitantes del país de cualquier clase o condición, pero de modo especial mi saludo y afecto se dirige a los pobres, a los enfermos, a los marginados, a cuantos sufren en el cuerpo o en el espíritu..Sepan que la Iglesia está muy cercana a ellos, que los ama, que los acompaña en sus penas y dificultades, que quiere ayudarles a superar las pruebas y que les anima a confiar en la Providencia divina y en la recompensa prometida al sacrificio.

6.Con este espíritu evangélico de amistad y fraternidad deseo iniciar mi visita.Y al comenzar mi peregrinación con la paz de Cristo, dirijo confiado mi mirada al santuario nacional de Maipú para pedir a vuestra Patrona, la Virgen Santísima del Carmen, que ilumine y guíe mis pasos por los caminos de Chile.  "María es la Memoria de la Iglesia.  La Iglesia aprende de Ti, María, que ser Madre quiere decir ser una Memoria viva, quiere decir conservar y meditar en el corazón las vicisitudesde los hombres y de los pueblos: las vicisitudes alegres y dolorosas" (Homilía, 1 de enero de 1987, n. 7).Que por la poderosa intercesión de Santa María, Madre de Chile, Virgen del Norte y del Sur, Señora del mar y de la cordillera, Dios bendiga a Chile.Amados chilenos todos: ¡Dios bendiga a este pueblo con la paz, suscitando en vuestros corazones la alegría de la fe, del amor y de la esperanza, que de corazón yo deseo compartir estos días con vosotros!¡Alabado sea Jesucristo!

Mensaje Radiotelevisado en visperas de la llegada

Amadísimos hermanos y hermanas:Lleno de gozo y esperanza, en vísperas ya de mi viaje pastoral a vuestra Nación, os envío desde la Sede de apóstol Pedro, centro de la catolicidad, un saludo entrañable y afectuoso: "Que la gracia y la paz sean con vosotros de parte de Dios Padre y de nuestro Señor Jesucristo" (Gal. 1, 3).Mi pensamiento va desde ahora a los obispos, sacerdotes y diáconos, a los religiosos y religiosas, a las personas y ciudades que tendré la alegría de visitar, y a todos los chilenos sin distinción, hombres y mujeres, por los que rezo cada día y a los que bendigo con todo el afecto en el Señor.Desde lo más profundo de mi corazón, doy gracias a la Divina Providencia porque me ofrece esta oportunidad de ir a vuestro país como Peregrino de Evangelización.

Voy a Chile, gozoso de saber que desde los albores del descubrimiento, en el lejano noviembre de 1520, el Señor quiso hacer su entrada en esa tierra privilegiada por la majestuosa e imponente puerta del estrecho de Magallanes.  Allí, no lejos del extremo austral, según la tradición, se celebró por primera vez la Santa Misa en Chile.  Allí, pues, Cristo, abriendo un nuevo y fecundo capítulo en la historia de la salvación, entregó esas tierras a Dios Padre y desde entonces, en tan hermoso escenario de campos y montañas, de bahías y de mares, de desiertos y canales el mismo Dios puso su morada y vive para siempre en el corazón de los chilenos, formando con todos ellos una sola familia de hermanos en torno a la cruz del Redentor, enarbolada por los primeros misioneros.

Con la celebración de la Eucaristía y con la predicación de la doctrina cristiana, se echaron en el país esas hondas e indelebles raíces de fe que, a lo largo de la historia, han sido para Chile, como para todo el continente latinoamericano, la sólida base para un profundo humanismo cristiano, fuente inagotable de preciosos valores históricos, culturales y sociales.  Desde el comienzo, los misioneros no temieron arriesgar sus vidas por sembrar la Palabra divina, ofreciendo así una leal y generosa aportación a la unidad nacional y promoviendo el amor y la convivencia pacífica, sin descuidar el deber de decir por amor una palabra enérgica, cuando se menospreciaban los deberes de caridad y justicia.Con la gracia de Dios espero llegar a vuestro querido país el día primero de abril, como mensajero de la vida, del amor, de la reconciliación y de la paz, que nacen de Cristo Redentor.  Esta es la tarea pastoral que deseo desarrollar entre vosotros cumpliendo así el mandato que Jesús confió a Pedro y a sus Sucesores: Confirma a tus hermanos en la fe (cf.  Lc. 22, 32).He aceptado con alegría y gratitud la invitación que en su oportunidad me hicieran la Conferencia Episcopal de Chile y el Gobierno de la Nación.  Recorreré vuestro país desde su capital, Santiago, hacia el Sur, pasando por Valparaíso, Punta Arenas, Puerto Montt, Concepción y Temuco, y hacia el Norte, visitando La Serena y Antofagasta.  Me hubiera gustado que mi itinerario apostólico incluyese otras ciudades y lugares; pero sabéis que voy a visitaros a todos, sin distinción de origen ni posición social, sabéis que acepto encantado la invitación que habéis querido hacer presente en centenares de millares de emblemas con la frase: "Santo Padre, ¡yo lo invito!"; sabéis también que quiero entrar en todos los hogares al menos con el saludo o con la bendición y que, desde cualquier sitio donde me encuentren a todos os abrazaré y a todos irá dirigida mi palabra de aliento y esperanza.Mi visita tiene una dimensión religiosa y pastoral, al servicio de la causa del Reino de Dios, que es "reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz" (cf.  Prefacio de la Misa de Jesucristo Rey del Universo).Es para mí motivo de viva complacencia saber que, bajo la guía de vuestros Pastores, os estáis preparando con intenso espíritu de oración para que esta visita del Sucesor de Pedro produzca abundantes frutos que renueven vuestra caridad e impulsen la nueva evangelización, fortaleciendo la pastoral ordinaria y permanente de cada diócesis, guiada por su Obispo.  Ya desde ahora deseo manifestar mi reconocimiento a las autoridades eclesiásticas, civiles y militares, y a todos los queridos fieles por la generosa colaboración que están prestando para que las jornadas que, Dios mediante, viviré entre vosotros, retuercen los lazos de fraternidad y la voluntad de convivencia pacífica de todos los chilenos desde la perspectiva de la fe y en camino hacia la vida eterna.

Os pido que me acompañéis con vuestras plegarias y sacrificios.  A la Santísima Virgen del Carmen, Reina y Patrona de Chile, encomiendo mi peregrinación apostólica, mientras en señal de benevolencia os bendigo a todos, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.  Amén.

Cómo encontrar a Dios en los «blogs»

Entrevista con el padre Antonio Spadaro, SJ

ROMA, domingo, 30 abril 2006 (ZENIT.org).- El padre Antonio Spadaro, SJ, redactor de la revista italiana «La Civiltà Cattolica», acaba de publicar el libro «Conexiones, nuevas formas de la cultura en tiempos de Internet» --«Connessioni, Nuove Forme della cultura al tempo di internet» (Pardes Edizioni).

En el prólogo, Xavier Debanne, directivo de Siemens Informatica S.A, y profesor del Centro Interdisciplinar de Comunicación Social de la Universidad Pontificia Gregoriana de 2002 a 2004, escribe que el libro del padre Spadaro «anima a reflexionar sobre la fenomenología del encuentro con Internet, en cuanto lugar frecuentado por millones de personas cada día, espacio que nadie posee y que favorece las conexiones».

«Este espacio se ha convertido en un ambiente cultural y educativo, frecuentado por millones de personas, creyentes o no, y es para la Iglesia una formidable oportunidad de comunicación, porque permite multiplicar los enlaces, ya sean conexiones personales o la creación de nuevas formas de agrupamiento social», afirma Debanne.

En esta entrevista concedida a Zenit el padre Antonio Spadaro explica la influencia que la red, y en particular los «blogs» (o bitácoras) ejercen en la cultura y en el modo de vivir la religión, abriendo espacios antes inexistentes de diálogo interreligioso y teológico.

--¿Está Dios en los blogs? ¿Qué hay que hacer para encontrarlo?

--Padre Spadaro: En Internet se nota un aumento de necesidades religiosas. En mi libro hablo sobre el fenómeno, hago notar sus riesgos (pienso, por ejemplo en las llamadas «ciberreligiones» y las sectas), pero sobre todo trato de señalar los desafíos que hay que mirar con optimismo y discernimiento: la respuesta a las necesidades religiosas más auténticas. El «blog», término nacido de la contracción de dos palabras inglesas, web y log (diario), es una de las realidades más interesantes de la Red. Es un «diario en la Red». Quien tiene uno, escribe cada día pensamientos, ideas, notas, pero también auténticas y extensas reflexiones, incluso muy lúcidas. Cada «blog» está unido a otros «blogs» y todos juntos constituyen un verdadero sistema, definido por lo común como «blogsfera».

¿Existe Dios en estos mundos de los diarios en red? Aunque el dato sea muy relativo, hay cerca de 130 millones de páginas web en las que aparecen juntas las palabras «God» (Dios, en inglés) y «blog». Si buscamos «blogs» religiosos en la web mundial observamos un aumento continuo de presencias. No faltan ideas estimulantes. La revista «Christianity today» habla de una verdadera «revolución teoblógica» y de «blogsfera cristiana». Es muy variada e incluye espacios de reflexión y debate teológico entre estudiantes, «blogs» ligados a revistas cristianas, espacios personales, incluso de pastores y sacerdotes de inspiración religiosa.

--¿Es posible recorrer un camino espiritual en red?

--Padre Spadaro: El hombre en búsqueda de Dios hoy se pone también frente a una pantalla e inicia una navegación. Queda el riesgo de hacerse la ilusión de que lo sagrado y lo religioso está al alcance del «ratón»: basta un clic para pasar de un sitio de neobrujería al de una aparición mariana, o de un templo neopagano a un sitio de cristianos tradicionalistas. La red, por el hecho de que contiene de todo, puede compararse a una especie de gran supermercado de lo religioso. La Iglesia en cambio no es nunca un «producto» de la comunicación.

La fe, además, no está hecha sólo de información ni es lugar de mera transmisión, es decir no es sólo una emisora. Y, sin embargo, al observar esta proliferación de lo religioso en la red es posible hacerse una idea de la necesidad profunda de Dios que agita el corazón humano, siempre vivido de manera a menudo alienante y distorsionada. Darse cuenta de estas exigencias significa aprender a moverse en este ambiente digital de manera apropiada, proponiendo iniciativas adecuadas: la posibilidad de un diálogo espiritual, de tener puntos de meditación publicados de manera periódica, o enviados vía correo electrónico, y otras iniciativas.

--¿La falta de una relación que no sea virtual no es un límite grave?

--Padre Spadaro: El motivo que impulsa a entablar relaciones en red depende del tipo de relación que se crea. Presenta a la vez elementos contradictorios. En sí mismo es anónimo e impersonal, ya que cada uno puede hacer creer lo que no es en cuanto a edad, sexo, profesión, expresándose sin los límites que da la propia identidad pública. En la red, se dialoga como «aquél que uno quiere ser». Precisamente por esto el diálogo es también muy confidencial porque permite decir de sí mismo cosas que de otro modo una persona difícilmente diría en su papel cotidiano. Se puede dar una apertura completa y un gran nivel de autenticidad pero, por otra parte, se puede también caer en una espontaneidad sin límites y sin pudor. El ciberespacio es un lugar emotivamente caliente y no álgidamente tecnológico, como podría pensarse.

La relación en la red por tanto puede ser anónima pero también extremamente «verdadera». Sin embargo, siempre hay que recordar que la Iglesia es espacio de comunicación y testimonio vivido del mensaje que se anuncia. Las relaciones en la red en cambio corren el riesgo de acostumbrar a la inutilidad de la mediación, encarnada en un cierto momento o lugar y, por tanto, a la inutilidad del testimonio y la comunicación con autoridad. Benedicto XVI lo subrayó recientemente: se debe «lamentablemente constatar que no siempre hoy las nuevas tecnologías y los medios de comunicación favorecen las relaciones personales» (Discurso al encuentro «Univ2006»). Por tanto, la relación en la red hay que considerarla como una oportunidad que hay que acoger con espíritu confiado, pero también de atento discernimiento, en particular, viendo si crea relaciones «verdaderas». Sucede a menudo que, cuando una relación iniciada en la red se hace significativa, luego impulsa al encuentro real. Empieza a no ser raro encontrar personas con dirección espiritual o incluso en camino vocacional que han iniciado su itinerario en red.

-- ¿Es posible llevar a cabo un diálogo teológico?

--Padre Spadaro: Si la red puede ser lugar de diálogo espiritual, también ciertamente puede abrir al diálogo interreligioso y teológico, espacios que antes no existían. La articulación crítica y la mediación del saber de la fe, que es la tarea primera de la teología, se realiza siempre en un contexto de pensamiento, lenguaje, imágenes, cultura y, por tanto, de «comunicación». La red provoca una mutación en el modo de vivir las instancias de comunicación y de comunión. Pensamos en la comunicación constante entre personas que trabajan en una misma idea que, sin embargo, viven en diversas partes del mundo y que no se conocen personalmente. Realizan mutuamente, si entran en una fuerte relación, una especie de «conciencia común». Esto ciertamente tiene repercusiones en el ámbito teológico, tanto más si la comunicación se da entre personas que, por cultura y formación, usan metáforas, imágenes y lenguajes diferentes para hablar de Dios y comunicar la fe. ¿Qué efectos tendrá esto sobre el conocimiento y la comunicación teológica? Es una pregunta que afecta a la teología a varios niveles. Los primeros niveles son ciertamente los del estudio, que usa teorías, modelos, métodos de la ciencia de las comunicaciones capaces de ayudar a la propia reflexión sobre la fe y a la manera de comunicar la teología. Un modelo de teología de la Revelación de tipo «verbal», que encuadra al hombre como «oyente de la Palabra» y, si queremos, el modelo de la antena parabólica apuntada al cielo, o el del hombre-radar, corren el riesgo de no ser tan explícitos como en el pasado. Si antes, el hombre era «visualizable» como un ser en búsqueda de una respuesta a su vida, se le puede enmarcar más bien como una persona en espera de elegir, seleccionar, discernir, ante la respuesta más adecuada y satisfactoria. Debe, en resumen, aprender tanto a buscar como a encontrar. La red ofrece a la teología nuevas oportunidades y, al mismo tiempo, lanza desafíos tanto de tipo metodológico como especulativo.

--En un capítulo, usted habla de la red como modelo de Iglesia, ¿por qué?

--Padre Spadaro: Las relaciones en la red funcionan si las conexiones están siempre activas: en el momento en que un nodo o una conexión se interrumpiera, la información no pasaría y la relación sería imposible. Si se piensa en la vid, en la que por los sarmientos corre la misma savia, nos damos cuenta de que no estamos muy lejos de la imagen de Internet. Por tanto, la red es una imagen de la Iglesia, en la medida en que se la entiende como un cuerpo vivo, si todas sus relaciones internas son vitales.

Por otra parte, la universalidad de la Iglesia y la misión del anuncio «a todas las gentes» refuerzan la percepción de que la red pueda proporcionar un modelo de un cierto valor eclesiológico.

Pero la imagen puede resultar ambigua: la Iglesia no podrá nunca ser entendida únicamente como una «comunidad virtual», ni «reducirse» a una red autorreferencial. La Iglesia no es una red de relaciones inmanentes, sino que tiene siempre un principio y un fundamento «externo». Si las relaciones en red dependen de la presencia y del eficaz funcionamiento de los instrumentos de comunicación, la comunión eclesial es radicalmente un «don» del Espíritu.

Saludo del Papa a los Acolitos

Saludo del Papa a los Acolitos

Saludo del Santo Padre

“…Os saludo muy cordialmente, queridos muchachos, y me alegro de dirigirme a ustedes… Vuestro ministerio del altar no sólo es un deber, sino también un gran honor, un auténtico servicio santo. A propósito de este servicio, deseo proponeros algunas reflexiones.

El hábito del servidor del altar es particular. Recuerda el traje que cada uno usa cuando, en nombre de Cristo, es acogido en la comunidad. Me refiero al hábito bautismal, cuyo significado profundo expone san Pablo: “En efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo” (Ga 3, 27).

Vosotros que ahora lleváis el hábito del servidor del altar, habéis recibido antes el traje bautismal. Sí, el bautismo es el punto de partida de vuestro “auténtico ministerio litúrgico”, que os sitúa al lado de vuestros obispos, sacerdotes y diáconos. (cf. Sacrosanctum concilium, 29).

El servidor del altar ocupa un lugar privilegiado en las celebraciones litúrgicas. Quien desempeña el servicio durante la misa, se presenta a una comunidad. Experimenta de cerca que en cada acción litúrgica Jesucristo está presente y operante. Jesús está presente cuando la comunidad se reúne para orar y alabar a Dios. Jesús está presente en la palabra de la Sagrada Escritura. Jesús está presente, sobre todo, en la Eucaristía, bajo las especies de pan y vino. Actúa por medio del sacerdote que, in persona Christi, celebra la misa y administra los sacramentos.

De este modo, en la liturgia sois mucho más que simples “ayudantes del párroco”. Sobre todo, sois servidores de Jesucristo, el sumo y eterno Sacerdote. Así, vosotros servidores del altar, estáis llamados en particular a ser jóvenes amigos de Jesús. Esforzaos por profundizar y cultivar esta amistad con él. Descubriréis que habéis en Jesús a un verdadero amigo para la vida.

El servidor del altar a menudo sostiene en la mano una vela. Eso nos hace pensar en lo que dijo Jesús en el sermón de la Montaña: “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt. 5, 14). Vuestro servicio no puede limitarse al interior de una iglesia. Debe irradiarse en la vida de todos los días: en la escuela, en la familia y en los diversos ámbitos de la sociedad, dado que quien quiere servir a Jesucristo en el interior de una iglesia debe ser su testigo por doquier.

Queridos jóvenes, vuestros contemporáneos esperan la verdadera “luz del mundo” (cf. Jn. 1,9). No tengáis vuestro  candelero sólo en el interior de la iglesia: por el contrario, llevad la antorcha del Evangelio a todos los que están en las tinieblas y viven un momento difícil de su existencia.

He hablado de la amistad con Jesús. Me gustaría que de esta amistad brotara algo más. ¡Qué hermoso sería si alguno de vosotros descubriera la vocación al sacerdocio! Jesucristo tiene necesidad urgente de jóvenes que se pongan a su disposición con generosidad y sin reservas. También a quienes quieran unirse en matrimonio, el servicio del monaguillo enseña que una auténtica unión debe incluir siempre la disponibilidad al servicio recíproco y gratuito…

Por último, os impulso a mirar a Jesús como el verdadero amigo de toda la vida”.

S.S. Juan Pablo II
Audiencia General
Miércoles 1 de agosto de 2001
Plaza San Pedro - Roma

Acerca del Evangelio de Judas, Mons Alejandro Goic

Acerca del Evangelio de Judas

Los medios de comunicación social han dado a conocer en estos días la publicación de un antiguo texto manuscrito encontrado en Suiza en 1983, en idioma copto y que correspondería a un supuesto “Evangelio de Judas”. Con la intención de aclarar dudas y responder a muchas interrogantes, resulta interesante y oportuno entregar algunas orientaciones. Nos ayudará una reciente entrevista al P. Thomas D. Williams, Decano de la Facultad de Teología de la Universidad Regina Apostolorum de Roma y un artículo de opinión del sacerdote chileno P. Samuel Fernández, Decano de la Facultad de Teología de la Universidad Católica de Chile.

I. Evangelios Apócrifos

• El texto pareciera estar fechado entre el siglo IV y el siglo V, es decir, unos 300 ó 400 años después de la vida de Jesús. Es imposible, por lo tanto, que sea Judas su autor directo, sino que puede tratarse de una copia del “Evangelio de Judas”, citado por San Ireneo de Lyon hacia el año 180.

• Fue redactado por la secta gnóstica de los Cainitas y presenta a Judas Iscariote de una manera positiva, como un personaje que sólo obedeció una supuesta orden divina de entregar a Jesús para que pudiera cumplirse la obra de salvación.

• Siempre se supo de la existencia de Evangelios Apócrifos, es decir, no inspirados porque no contienen la verdad acerca de la Revelación de Dios y su deseo de salvación para la humanidad y desde siempre fueron rechazados por el conjunto de la comunidad cristiana porque son incompatibles con la fe.

• La Iglesia nunca ha ocultado o negado la existencia de estos documentos. Al contrario, estos textos han sido publicados y están editados en muchas editoriales a través del mundo entero, como la Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) o la Editorial Ciudad Nueva, entre otras.

• Los Evangelios Apócrifos no son reconocidos como inspirados por Dios porque simplemente buscaban satisfacer la curiosidad de algunos, o contenían leyendas fantasiosas respecto a Jesús, o explicaban opiniones particulares de algunos grupos religiosos acerca de Cristo. No buscaban la verdad más profunda sobre Dios y su obra salvadora.

• Algunos de estos Evangelios Apócrifos pertenecen a sectas gnósticas, como la de los Cainitas, cuyo propósito principal era reivindicar figuras del Antiguo y del Nuevo Testamento que cayeron en la maldad, como Caín (que mató a su hermano Abel) y como Judas (que traicionó a Jesús). Los gnósticos pretendían que la salvación se logra sólo por el conocimiento que tengamos de Dios, no por obra del amor y de la misericordia de Dios, que envió a su Hijo Jesús al mundo.

II. Diferencias entre cristianos y gnósticos

• La principal diferencia entre los gnósticos y los cristianos radica en su concepción acerca del origen del mal en el mundo. Los cristianos creemos en un Dios bueno que ha creado un mundo bueno. Los gnósticos creen en un Dios que ha creado el mal y ha creado al mundo de manera desordenada.

• Los cristianos creemos que la maldad nace a partir del mal ejercicio de la libertad con la que Dios nos ha creado, porque Dios siempre respeta nuestra libertad. Los gnósticos afirman que Dios quiere el mal en el mundo y por eso se explica la acción de los hombres malos, como Caín o Judas.

• Dios conoce todas nuestras intenciones, incluso los errores, pecados y decisiones equivocadas. A veces se vale de ellas para obtener un bien en su plan providencial para el hombre.

Asumiendo estas orientaciones y aclaraciones, podemos entender de mejor manera lo que puede representar un texto como el que comentamos y cómo ello no afecta en nada la fe y la doctrina católica. Así, podemos responder algunas otras interrogantes.

III. El drama de Judas

¿Cómo podemos entender el papel y la persona de Judas Iscariote? Judas fue, como todos los demás seres humanos, un hombre creado con el atributo de la libertad. No se puede decir que Dios buscó que Judas cayera en el mal y se viera obligado a cumplir un rol histórico ya determinado, como una opción fatalista a la que no podía sustraerse de ninguna manera. No nació con el sello de una condena fatal. Judas usó su libertad para hacer el mal.

¿Podemos saber si Judas se salvó o se condenó? La Iglesia, a través de los procesos de beatificación y de canonización de una persona, puede tener la absoluta certeza de la santidad de alguien y de que esa persona goza de la presencia eterna ante Dios, que ha practicado las virtudes cristianas y merece la gloria de Dios y la salvación eterna. Pero no puede tener la certeza absoluta de una condena eterna y de que alguna persona esté en esa condición. Ni siquiera respecto a Judas. Lo que la fe siempre ha manifestado es la inmensa bondad y misericordia de Dios. Sólo Dios conoce el destino de las personas. Cualquier ser humano puede arrepentirse de sus pecados y errores en el último momento de su existencia terrenal. El drama de Judas, más que la gravedad de su pecado en sí, fue su falta de esperanza, el hecho de cerrarse en sí mismo, en vez de reconocer su falta, llorar su pecado y volver al amor de Dios, como lo hizo, por ejemplo, el Apóstol Pedro.

¿Por qué despiertan tanto interés temas o libros como el “Evangelio de Judas” u otros similares? La obra musical “Jesucristo Superestrella” y algunos ejemplos de la literatura reciente nos muestran una figura de Judas que podríamos llamar “simpática” o “benevolente” respecto a este personaje. Ello llama la atención y es una invitación a que ese tratamiento de la persona redunde en éxitos mediáticos y comerciales, en una perspectiva sociológica, comunicacional o de la propia psicología humana.


IV. Jesús, Único Salvador de la Historia

¿Cuál es la única fuente segura para conocer la obra, las acciones y la enseñanza de Jesús? Sólo los Evangelios son considerados como obras inspiradas por Dios y se les reconoce una autoridad especial. Nos referimos a los textos de Marcos, Mateo, Lucas y Juan. Son libros canónicos, reconocidos por el mismo pueblo fiel desde los inicios del cristianismo y luego por la autoridad de la Iglesia. Su mérito consiste en su antigüedad, en la autoridad de quienes los redactaron y que sus escritos se basan en el testimonio de testigos directos de su obra; testigos de su enseñanza, sus milagros, la condena, la muerte, la sepultura y la misma resurrección de Jesús. Mientras más tardíos sean algunos escritos, más dudosa se vuelve la autenticidad y fidelidad de la transmisión de estos hechos hasta nuestros días. El Nuevo Testamento en su conjunto refleja la plena seguridad en esta autenticidad y fidelidad.

¿Por qué la Obra y la Persona de Jesús resultan tan atrayentes, incluso para los que no creen en El? El sensacionalismo y la supuesta revelación de datos que contradicen lo esencial de la fe en Jesucristo ha sido un tema de todos los tiempos, no sólo de ahora. Hoy se habla del “Evangelio de Judas”. Después se hablará de otro texto, de otro descubrimiento o de otras fantasías u opiniones particulares de grupos sectarios. Pero resulta muy significativo y hasta emocionante que la Persona de Jesús, el Redentor y Salvador de la humanidad, sea motivo de una “profunda fascinación”, incluso para aquellos que no creen en Él, lo rechazan o tratan de desprestigiar su figura y su mensaje. Jesús a nadie deja indiferente. Para los que tenemos el don de la fe, es el Único - no hay otro - Salvador de la Historia.

¿Qué hemos de hacer los discípulos de Cristo? Renovar nuestra fe y nuestro amor a Jesús Redentor de la humanidad. Profundizar el fundamento histórico de nuestra fe cristiana, para no dejarnos sorprender por falsificadores de todo tipo como ya nos advierte la Santa Escritura: “Tengan cuidado de los falsos profetas” (Mt. 7, 15)

† Alejandro Goic Karmelic
Obispo de Rancagua
Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile
(Por encargo del Comité Permanente de la CECh)



Rancagua, Abril 11 de 2006

El Codigo Da Vinci

El «Evangelio de Judas», una «novedad» que no es tal
Conocido desde hace 1800 años
No, no tendremos que reescribir los orígenes del Cristianismo; y la fe de los creyentes no irá en crisis por la publicación de un fragmento del así llamado "Evangelio de Judas". Para decirlo enseguida, la clamorosa presentación en Washington, delante de la prensa mundial a propósito convocada, es sobre todo una operación económica y, probablemente, también ideológica.

Historia y teología entran allí poco, como mucho entre los especialistas verdaderos ha despertado sólo curiosidad, no han sido, ciertamente, excitados por una "novedad" que no es tal y que, ellos, ya conocían. Quizás desde hace más de 1800 años, visto que hacia el año 180 Ireneo, obispo de Lyon, griego y gran conocedor del Mediano Oriente, compuso su obra Contra las herejías. En ella escribe: "Dicen que Judas conoció todas estas cosas y justo porque sólo él conoció toda la verdad más que los otros apóstoles, ejecutó el misterio de la traición. Presentan estas invenciones llamándole el evangelio de Judas". Los que enseñan así fueron gnósticos pertenecientes a una secta llamada de los "Cainitas", de Caín, venerado junto a la Serpiente que tentó a Eva, a Cam, a los Sodomitas, a Esaú y, también, a Judas. En resumen, todas las figuras negativas de las Escrituras judeo-cristianas. Poniéndose a semejantes maestros, los "Cainitas" justificaban todo género de obscenidad y delitos.

Una operación económica, pues, aquella del jueves 6 de abril, visto que el National Geographic Magazine está entre las revistas más rentables del mundo, con ediciones en muchas lenguas. Su patrocinio de la traducción y la publicación del papiro encontrado entre las arenas egipcias, no es ciertamente desinteresada. Millones de dólares vendrán del aumento de las ventas, de la adquisición del volumen que será propuesto al adquirir el periódico, del documental ya comprado por muchas televisiones. Sin contar la enorme publicidad determinada por el hecho de que los medios de comunicación de cada continente han citado la noticia. No al azar se han elegido, por el lanzamiento, los días que preceden la Semana Santa, cuando en toda la cristiandad resonará el nombre de Judas Iscariote y será más fácil que se hable de su presunto "evangelio". Si es lícito un caso personal: ayer, a lo largo de todo el día he tenido que declinar invitaciones a participar en talk-show’s televisivos sobre este presunto descubrimiento. Y a mi sorpresa ("¿Pero no es la semana después de las elecciones italianas, no se concentrarán en los comentarios?") me replicaban que, sí, la política hará de dueña, pero la inminencia de la Pascua impone de insertar en el palimpsesto algo que la concierne. ¿Por qué, pues, no esta novedad sobre el apóstol que traicionó a Jesús?

Pero el fuerte olor de dinero ha aleteado enseguida alrededor del papiro emergido en los años Setenta del valle del Nilo, uno de los pocos lugares, junto al desierto de Judea, de donde proviene la biblioteca esénica de Qumràn, dónde la aridez del clima permite la conservación de materiales tan frágiles. Ya no estamos en el tiempo en que pastores beduinos cedían a los mercantes de Jerusalén y del Cairo cántaros llenos de manuscritos a cambio de pocas monedas de plata. Las bibliotecas de las universidades europeas, americanas, australianas, y hasta japonesas, se enfrentan en subastas memorables para adquirir jirones de manuscritos de los primeros siglos cristianos. Como ya es costumbre en casos parecidos, no están claras las vicisitudes comerciales de este "evangelio de Judas", pero parece cierto que el largo rollo ha sido cortado en dos. Una parte es la que se presentó en Washington con el máximo clamor, otra parte habrá quedado custodiada en una caja fuerte: su precio es destinado a multiplicarse, visto el interés con que ha sido acogida la primicia.

Operación económica, digo, pero quizás también ideológica. El Código da Vinci de Dan Brown sólo es el ejemplo más afortunado de un filón que, desde hace algún año atrás, parece un río en plena crecida. Una pseudo-historia, una fanta-exégesis estrujan el ojo al lector, reprochándole que uno como él no puede aceptar sin más el cuento de las Iglesias "oficiales" - a empezar de la católica - sobre los orígenes cristianos. Que en absoluto es como lo cuentan desde hace demasiados siglos los curas, que saben la verdad, pero la esconden. Por ejemplo, éstos están dispuestos a recurrir al homicidio antes que a hacer filtrar las "verdaderas" relaciones entre Jesús y Maria de Magdalena, con las consecuencias que ellos han tenido sobre la historia del Occidente. Como se sabe, ésta es la tesis central de Dan Brown, que no ha hecho otro que mezclar los contenidos de un cóctel rancio que ya en el 1988 Umberto Eco puso en burla - tan ferozmente cuánto inútilmente - en su "Péndulo de Foucault".

Si esto, en todo caso, es lo que quiere el mercado, ¿cómo no aprovechar un auténtico "documento secreto", de un trozo de aquellos "evangelios apócrifos" en el que estaría la verdad oculta, para engolosinar las masas, empujándolas a comprar periódicos, libros, ver la película, a lo mejor adquirir camisetas, gorros, llaveros? Los Dan Brown han reconstruido por vosotros la figura "auténtica" de la Magdalena, otros aquella de Pietro, de Simón de Cirene, de Nicodemo, del propio Jesús: aquí tienen ustedes un Judas como no habrían jamás pensado: un amigote, un bienhechor, un privilegiado por Dios, otro que el desgraciado traidor del que les han hablado siempre las iglesias. Papel, más bien papiro, canta....

La instrumentalización ideológica de los restos se ha hecho explícita, en la presentación de Washington, cuando alguien ha dicho que - con el nuevo, benemérito Iscariote - se cortarán las uñas al antisemitismo cristiano. Esto, el periódico católica Avvenire ha comentado, si es verdadero no es otra cosa que "una demencial intención de favorecer el diálogo con el hebraísmo". Demencial no sólo porque el cristianismo siempre ha sabido que, si un apóstol israelita traicionó, los otros once eran israelitas como él, como lo fueron los 72 discípulos y los millares de primeros seguidores. Y muchos de aquellos judíos, hijos de judíos, prefirieron el martirio a la negación. Pero demencial también porque la secta de los "Cainitas", de donde viene el fragmento, consideraba el Dios de los judíos como el Dios malvado, en lucha mortal con aquel bueno, el gnóstico Dios Supremo. Destruir el Jahvé de las Escrituras fue el objetivo final de la historia. Y a Judas había que exaltarlo justo como el campeón atrevido de esta batalla contra el repugnante Demiurgo semítico. Entonces, a pesar de los engañosos guiños al "diálogo", este no podrá poner entre sus textos base el papiro ofrecido a la venta por los editores americanos.

Vittorio Messori, Corriere della Sera, sábado 8 de abril de 2006