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Parroquia Santa Madre de Dios

Estudio confirma que la religión es un factor protector en los adolescentes

Los adolescentes que se consideran muy religiosos presentan menos conductas de riesgo, como consumo de alcohol y participación en peleas.

por La Tercera - 20/09/2009 - 12:03

Patricio era lo que una lectura bíblica define como "una oveja perdida": entre las apuestas hípicas y el consumo excesivo de alcohol, protagonizó más de un roce con sus amigos. El grupo estaba bajo el alero de una comunidad religiosa juvenil enfocada a trabajos de acción social y en él encontró contención. Más de una década después, Patricio está planificando su matrimonio por la Iglesia. Los amigos de ese tiempo son fijos en la lista de invitados. 

La relación entre grado de religiosidad y conductas de riesgo tiene varios capítulos investigativos. Uno de ellos es un estudio realizado por especialistas de las universidades del Desarrollo, de Chile y de Los Andes a 252 adolescentes de Santiago, con un promedio de 17 años. Algunas conclusiones: los adolescentes que se consideraban muy religiosos no consumieron cocaína en absoluto, tomaron  alcohol menos frecuentemente, acusaron menor participación en peleas y consumieron menos marihuana que los que se consideraban nada religiosos. 

"Las personas más cercanas a la Iglesia, ritos y estructuras religiosas tienen un desarrollo moral más exigente o más rígido y eso los hace estar permanentemente evaluando una sana forma de entretención", explica Macarena Valdés, académica de la U. de Chile y una de las autoras del estudio.

FACTOR AFECTIVO
El grado de proximidad de los adolescentes con la religión no es menor. Según la V Encuesta de la Juventud de 2006, el 75% de los jóvenes chilenos de entre 15 y 19 años se identifica con alguna religión y el 54% reconoce participar de ritos o ceremonias religiosas. ¿Por qué? La adolescencia es la búsqueda de una identidad y la religión aporta en esa búsqueda. "Entrega el mismo factor afectivo y protector que una familia", explica Juan Pablo Westphal, sicólogo de la Clínica Santa María. La religiosidad también les regala un sentido de pertenencia, lo que favorece la autoestima y reduce el riesgo de conductas autodestructivas, pese a las caídas de exploración u ocasionales en consumo de alcohol y drogas, burlas y agresiones. "Para los adolescentes es muy difícil ser consecuentes con lo que pregonan, porque sus impulsos se encuentran exacerbados y muchas veces los traicionan, pero el recibir el apoyo de un grupo que lo acoge y no lo juzga disminuye el temor al rechazo y permite tener al grupo o a líderes como referente y guía", explica Ladislao Lira, sicólogo infanto juvenil. 

Eso ocurre aun cuando se trata de jóvenes en una edad difícil y que tienen en la esfera digital un mundo de escapes para sus emociones. Pero blogs, Facebook o Twitter no es sinónimo de adolescentes solitarios y abstraídos de su entorno. Un dato: el 83% de los jóvenes internautas declara que le importa mucho la familia y un 66% se autodefine como cariñosos y sensibles, según el estudio Indice de Generación Digital.

LA TENSIÓN DE LO CORRECTO
Hay un capítulo del estudio que parece ir en una dirección contraria. Con respecto a la relación entre práctica y salud mental, los adolescentes muy religiosos se sentían más frecuentemente tristes y nerviosos que los nada religiosos (22,7% contra 12,5%) y habían consultado más frecuentemente a especialistas por problemas psicológicos (40,4% contra 22%).  "Hay adolescentes tan protegidos y normados que se sienten incapaces de enfrentar situaciones límites y de discriminar entre lo correcto y lo incorrecto. No se sienten capaces de buscar respuestas y las buscan con los especialistas", explica Macarena Valdés, autora del estudio. También hay una explicación en la otra vereda: las personalidades depresivas muestran mayor dependencia y buscan más la pertenencia a grupos religiosos en busca de aplacar sus ansiedades ante el rechazo. "No es que estos jóvenes se depriman más, sino que los adolescentes con tendencias depresivas buscan más estos grupos", concluye Lira.

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Pastoral Mapuche: Respondemos al clamor de un pueblo afligido

Declaración de la comisión de pastoral mapuche de la iglesia católica ante la muerte de Jaime Mendoza Collio. “La sangre de tu hermano clama desde la tierra” Genesis 4, 10.

Los miembros de la Comisión de Pastoral Mapuche de la Zona Sur de Chile, reunidos en el Santuario de Metrenko, queremos declarar que:

1. Como Iglesia hemos advertido nuestra preocupación por la progresiva criminalización de la demanda mapuche, reduciéndola a un asunto policial. Horas antes de la muerte de Jaime Mendoza Collío, el obispo presidente de la Comisión Nacional de Pastoral Indígena, Monseñor Camilo Vial, se reunió con el Ministro Secretario General de la Presidencia, el Ministro del Interior y, junto al Comité Permanente de la Conferencia Episcopal, con la Presidenta de la República, para insistir en la necesidad de no criminalizar las demandas mapuche. Denunciamos la “presencia de fuerzas policiales ‘de elite’, preparados con armamento militar, que han hecho uso de sus armas de fuego en la represión, lo que puede conducir nuevamente a sucesos con comuneros fallecidos”.

2. Así como fuimos recibidos como Iglesia, lamentamos que los 100 dirigentes mapuches de los cuatro espacios territoriales que acudieron a la Moneda el 24 de julio de 2009 no fueran recibidos. También advertimos que una oportunidad de diálogo tan importante no se podía perder.

3.Consideramos que la situación en que murió Jaime Mendoza Collío, pudo perfectamente evitarse si se hubiese actuado aceptando el diálogo solicitado por los mismos comuneros que ocupaban el predio quienes esperaban la presencia de Conadi. En vez de diálogo, acudieron grandes contingentes policiales fuertemente armados.

4.Como Iglesia, también hemos levantado la voz para denunciar la violencia desproporcionada con que Carabineros está actuando en las llamadas zonas de conflicto. Insistimos en que el ministerio de interior debe revisar la forma en que Carabineros actúa en las comunidades mapuches.

5. El pueblo mapuche no es un pueblo de criminales ni terroristas. Son nuestros hermanos y hermanas con quienes compartimos el amor por la vida, la fe en Dios y el deseo de la paz. La represión policial de la que somos testigos pareciera responder a una lamentable visión discriminatoria y racista que la Iglesia también ha denunciado.

6. La muerte de Alex Lemún, Matías Catrileo, y ahora la de Jaime Mendoza Collío, son consecuencia de esta espiral de violencia que hemos denunciado y que es necesario detener ya.

7. El pueblo mapuche cumple con su derecho y su deber al defender su identidad, a reclamar su territorio, y proclamar su vida.

8. Manifestamos nuestra profunda solidaridad con el dolor de la familia y la comunidad de Jaime Mendoza Collío.

9. Solidarizando con todos aquellos que sufren las consecuencias de la violencia, llamamos a todos, mapuches y no mapuches, a deponer la violencia, a reconstruir los caminos del diálogo y a luchar con las herramientas de la paz. Llamamos a movilizar los organismos del Estado en una respuesta pronta y adecuada a las justas demandas del pueblo mapuche. Llamamos especialmente a Jueces, Fiscales y Carabineros a revisar su accionar y su disposición hacia las comunidades. Llamamos a los medios de comunicación a ofrecer información objetiva y veraz que contribuya al entendimiento y a la paz. Nos convocamos como Iglesia para responder al clamor de nuestros hermanos.


Padre Fernando Díaz, svd., Coordinador Comisión Pastoral Mapuche Zona Sur
Sra. Miriam Suazo Gacitúa, Secretaria Comisión Pastoral Mapuche Zona Sur
Sr. Florencio Manquilef Huichal, Pastoral Mapuche Diócesis de Villarrica
Sr. Pedro Marican Marican, Pastoral Mapuche Diócesis Villarrica
Sr. Rodolfo Cañas Olguín, Pastoral Mapuche Diócesis Temuco
Padre Francisco Millan Lincopi, Pastoral Mapuche Diócesis de Temuco
Sr. Juan Jorge Faundes Peñafiel, Fundación Instituto Indígena
Padre Hernán Llancaleo Moreno, Coordinador Pastoral Mapuche Arquidiócesis de Concepción
Hna. Audina Huenumilla Namuncura, Pastoral Mapuche Arquidiócesis de Concepción
Padre Carlos Bresciani, sj., Pastoral Mapuche Arquidiócesis de Concepción
Padre Pablo Castro, sj., Pastoral Mapuche Arquidiócesis de Concepción

Video explicativo sobre los efectos de la "Píldora del Día Después"

El Obispado de San Bernardo ha puesto a disposición, en su sitio web, un video explicativo sobre los efectos de la llamada "píldora del Día después"

- Ver video

Fuente: Obispado de San Bernardo

Asesinado en Cuba sacerdote español muy querido en Atacama

Trágicamente falleció en La Habana, Cuba, un sacerdote español Mariano Arroyo Merino, de 74 años de edad, que durante varios años desempeñó su ministerio pastoral en parroquias de la diócesis de Copiapó.

Este lunes 13 de julio a las 19:00 hrs. se oficiará en la iglesia catedral de Copiapó una eucaristía por el eterno descanso de su alma. En una nota dirigida a los fieles de la Iglesia de Atacama, el obispo de Copiapó, Mons. Gaspar Quintana invita a orar por este sacerdote "que dedicara una parte importante de su vida a pastorear al pueblo de Dios en estas tierras de Atacama".

Según versiones de agencias informativas que citan a un portavoz de la Iglesia en Cuba, el P. Arroyo fue asesinado bajo torturas en la iglesia de Nuestra Señora de Regla, de la que era párroco, en las afueras de la capital.

La agencia de noticias ANSA menciona que el sacerdote fue apuñalado y quemado en algunas partes de su cuerpo, en una habitación situada en la parte superior de la parroquia.

La nota informativa precisa que el P. Arroyo llevaba como misionero diocesano 12 años en La Habana, había oficiado la misa con normalidad, y próximamente tenía previsto viajar de vacaciones a España. El P. Arroyo es el segundo sacerdote español asesinado este año en La Habana, después de que en febrero el P. Eduardo de la Fuente Serrano, de 61 años, fue apuñalado y estrangulado en una carretera de la capital, asesinato por el que dos personas fueron arrestadas sin que se hayan hecho públicos más detalles. Los dos sacerdotes se conocían y De la Fuente había sustituido a Arroyo en períodos vacacionales. En declaraciones a ANSA, el portavoz de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, Elizardo Sánchez, consideró "muy grave para las relaciones entre el Estado y la Iglesia" estos dos asesinatos.

El P. Arroyo, destacó una nota del Arzobispado de La Habana citada por ANSA, desarrolló en Cuba un "intenso trabajo personal" y desplegó "un particular carisma hacia la religiosidad popular y el sincretismo religioso". El sacerdote era rector y párroco del Santuario Nacional de Nuestra Señora de Regla desde 2004. Hasta esa fecha, y durante seis años, había sido párroco de Nuestra Señora del Pilar, en La Habana.

En Cuba fue también asesor del Movimiento de Trabajadores Cristianos y director del Instituto de Ciencias Religiosas "Padre Félix Varela". Ordenado sacerdote en 1960, partió en 1962 como misionero a Santiago de Chile, donde permaneció hasta 1968.

Tras diez años en Madrid como párroco y formador del Seminario, regresó a Chile en 1980 para prestar servicio en varias parroquias de la diócesis de Copiapó, como N. S. del Rosario, San José Obrero, Las Canteras, San Francisco, y Santísima Trinidad, entre otras.

Fuente: Obispado de Copiapó - ANSA

Consejo Ampliado en miras al Jubileo Parroquial

El Sádado 13 de Junio se efectuó en la Parroquia Madre de Dios un consejo ampliado con todos los agentes pastorales de nuestra comunidad, junto al Padre Adrián y el Diácono Hugo Ramirez.

En este se definio el proceso que concluira el año 2012 con el jubileo parroquial, ya que nuestra comunidad cumplirá 50 años.

Al igual que el Jubileo de la Iglesia del año 2000, nuestro proceso al jubileo se vivira en torno a la figura de la santisima trinidad representadas en cada una de las capillas, Jesús Señor de la Vida, Espiritu Santo y Madre de Dios (a Dios por María)

El primer año junio 2009 - junio 2010 se centrará en Jesucristo en la CEB Jesús Señor de la Vida.
El Segunda año junio 2010 - junio 2011  El espiritu santo y la capilla homónima
El último año junio 2011 - junio 2012 Dios padre y la sede parroquial

El primer año se enfocará en la Sagrada Escritura a través de la liturgia, la lectura espiritual y la lectura en CCB. Tomando a María como modelo de fe siendo la Madre de Cristo y en el sacramento del bautismo

El segundo año tendrá como objetivo el reconocimiento de la presencia del Espítiu Santo que actúa en la Iglesia, a través del sacramento de la Confirmación y a través de los diversos carismas. María es vista como sagrario del Espíritu Santo.

El tercer y último año, centrado en Dios padre, estará estructura a través de la peregrinación al camino al Padre y de la autentica conversión. Especialmente a través del sacramento de la penitencia.

Los agentes pastorales que asistieron constituyeron grupos de trabajos que centraron sus aportes y reflexiones en torno a estos tres años. Posteriormente se dividieron los grupos en cada uno de los consejos Sede parroquial, Espiritu Santo, Jesús Señor de la Vida y Pastoral Juvenil, y comentaron como vivir cada uno de los tres años, poniendo en enfasis en el año de su comunidad eclesial.

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Cambio en el horario de misas (del domingo)

Desde el día Domingo 7 de junio se modificarán los horarios de las misas en todo el Sector Parroquial.

Las misas en la Capilla Espíritu Santo se realizarán los domingos a las 9:00 horas. En la capilla Jesús Señor de la Vida las misas se realizarán los domingos a las 10:30, mientras que en la misa en la sede parroquial se realizarán los domingos a las 19:30 horas.

Horario de todas las misas (desde el 7 de junio):

Martes 19:30 - Sede Parroquial
Miercoles 19:30 - Capilla Espiritu Santo y Capilla Jesús Señor de la Vida
Jueves 19:30 - Sede Parroquial
Sabado 19:30 - Sede Parroquial
Domingo 09:00 - Capilla Espiritu Santo
Domingo 10:30 - Capilla Jesús Señor de la Vida
Domingo 19:30 - Sede Parroquial

Comienzan los trabajos para crear un nuevo patio

Don Hugo trabajando

El dia jueves 21 de mayo, mientras la Presidenta Bachelet daba su cuenta anual y el resto de los chilenos descansaba, un grupo de coordinadores de la parroquia trabajaban para limpiar un terreno que estaba lleno de pasto seco y que estaba actualmente en desuso.

El proyecto del patio contempla el empastamiento, el desarme de un sector que anteriormente era la oficina y la creación de un horno de barro, ya que el patio tiene acceso a la cocina. Esto beneficiara a todos los grupos para los momentos de oración, retiros y jornadas que se puedan hacer en la sede parroquial. El horno permitira dar más opciones para las actividades económicas de las pastorales para seguir financiando sus actividades.

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Una oportunidad única para el hemisferio católico

CARL ANDERSON

 

Una vez resuelta la sucesión presidencial en México, y con una nueva mayoría menos hostil hacia la inmigración en ambas cámaras de representantes en los Estados Unidos, nace una nueva oportunidad para renovar las relaciones con México en particular, y con América Latina en general.
No habría que insistir en que los católicos de ambos lados de la frontera están especialmente bien situados para contribuir a una nueva era de las relaciones hemisféricas. Pero por el momento, no hemos oído prácticamente nada que nos indique que hayamos pensado seriamente en cómo podemos contribuir a las negociaciones en esta área.

Creo que es el momento de que los católicos tomen el liderazgo. Las relaciones entre los Estados Unidos y México son esenciales para el futuro de América. En nuestra frontera común se encuentra el Norte Global con el Sur Global, y América Latina se fusiona cada vez más con su vecino del norte, de influencia claramente más inglesa. Se podría decir que el futuro de todo el hemisferio dependerá del cómo sea la relación entre los Estados Unidos y México.
No resulta exagerado decir que en América puede encontrarse el futuro de la cristiandad. En Europa la cristiandad ha declinado marcadamente. En cambio, América sigue siendo un hemisferio cristiano donde, a pesar de los grandes desafíos, persiste una fuerte devoción popular. Cada uno de los países de este hemisferio posee sólidas raíces católicas. Son obvias las raíces católicas de América Latina, y Estados Unidos las comparte en su región sureste y en Florida. Maryland, Louisiana y Québec complementan esta herencia en los Estados Unidos y Canadá, lo cual proporciona a todos los países de nuestro hemisferio una herencia común.

En primer lugar, consideremos la situación en la que nos encontramos: los católicos forman el mayor grupo del Congreso [de los Estados Unidos] en términos de fe, con 29% de los miembros de la Cámara de Diputados y el Senado. Uno de cada cuatro norteamericanos es católico, y cada domingo las iglesias se llenan con una población de católicos hispanos en rápida expansión. Los hispanos en la Iglesia no son una abstracción, son nuestros compañeros de parroquia. En Caballeros de Colón son nuestros hermanos Caballeros, y lo han sido desde 1905, cuando establecimos nuestro primer consejo en México.
Actualmente México está dirigido por un católico, el Presidente Felipe Calderón, quien vive su fe y dirige una nación de 90 millones de católicos. Ellos y nosotros compartimos mucho más de lo que en ocasiones pensamos. En ambos países, los católicos tuvieron que luchar para obtener un lugar justo en la sociedad durante el siglo XX. Las cruces en llamas recibieron a Al Smith cuando su tren entró a la ciudad de Oklahoma durante la campaña presidencial de 1928, y no fue sino hasta 1960 cuando Estados Unidos tuvo su primer presidente católico. En México, un gobierno anticlerical martirizó a sacerdotes y fieles laicos durante la década de los veinte e incluso hasta los años treinta (entre ellos se encontraban seis Caballeros canonizados). No fue sino hasta los años noventa cuando se derogaron las leyes que prohibían a los sacerdotes portar las ropas clericales en la calle.

Lo que muestra la aceptación y subsecuente ascendencia de los católicos en ambos países es que la comunidad católica laica de ellos se ha ganado el reconocimiento y tiene una oportunidad única para decidir el futuro del continente americano, sin dejarse limitar por los prejuicios del pasado. Ya era tiempo.
Uno de los aspectos más importantes de esta herencia espiritual común es el hecho de que compartimos una patrona también: Nuestra Señora de Guadalupe. Conocida desde 1945 como Emperatriz de las Américas, es patrona de todos los católicos, en especial de los de México.
En Ecclesia in America, el Papa Juan Pablo II escribe lo siguiente: La aparición de María al indio Juan Diego en la colina del Tepeyac, el año 1531, tuvo una repercusión decisiva para la evangelización. Este influjo va más allá de los confines de la nación mexicana, alcanzando todo el Continente. Y América, que históricamente ha sido y es crisol de pueblos, ha reconocido «en el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac, [...] en Santa María de Guadalupe, [...] un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada». Por eso, no sólo en el Centro y en el Sur, sino también en el Norte del Continente, la Virgen de Guadalupe es venerada como Reina de toda América.

Ha sido patrona de las iglesias y familias de todo el hemisferio durante cientos de años, y sin embargo, hoy nos ofrece un nuevo punto de partida. Aunque durante estos siglos ha llegado a simbolizar muchas cosas, hoy, a la luz de Ecclesia in America, nos da un mensaje de unidad: ella es la madre espiritual que todos compartimos.

Nuestra historia continental es también común, y así será nuestro futuro.

David Rieff señaló en el New York Times Magazine de diciembre 2006 hasta qué punto se entrelazan nuestros destinos, al escribir: «A nivel nacional, los hispanos forman el 39% de la población católica … desde 1960, han sido el 71% de todos los nuevos católicos en los Estados Unidos». En una época en que se debilita la asistencia a la iglesia en Europa y en algunas ciudades de Estados Unidos, en los lugares que los hispanos consideran su hogar, esta asistencia está en pleno auge.

La cooperación entre los católicos de Estados Unidos y México será crucial para el futuro de las relaciones entre ambos países, y por extensión para todo el continente americano. Desde los salones del gobierno hasta las bancas de las parroquias, la disposición y la habilidad de los católicos para tender puentes entre los católicos de Estados Unidos y los de México decidirán nuestro futuro.
Hace una década, los obispos de este hemisferio se reunieron en el Sínodo de los Obispos de América, y nos invitaron a reconsiderarnos como americanos: «Creemos que somos una sola comunidad, y aunque América comprende numerosas naciones, culturas e idiomas, hay tanto que nos une y tantas formas en las que cada uno de nosotros afecta la vida de su vecino.»

Esta reunión fue un excelente modelo de cooperación entre los obispos del continente americano. Pero el reto de la Iglesia de las Américas incluye a todos los bautizados. Como lo escribió el Papa Juan Pablo II en Ecclesia in America, «La renovación de la Iglesia en América no será posible sin la presencia activa de los laicos. Por eso, en gran parte, recae en ellos la responsabilidad del futuro de la Iglesia». Esto no es una exageración ya que todos somos ciudadanos del Hemisferio Católico.

La cuestión es qué pueden hacer los católicos –laicos y sacerdotes– para que se llegue a cumplir la promesa de Ecclesia in America, promesa que se hace más urgente con cada día que pasa. En palabras sencillas, esta promesa se basa en la realidad de que nuestra unidad en la vida sacramental de la Iglesia trasciende todas las fronteras nacionales y nos une de una forma que debe tener consecuencias a la vez profundas y prácticas.
Quizá el mayor obstáculo que debemos superar es la idea que tienen muchos en los Estados Unidos de que la inmigración es un fenómeno que debe temerse. Los católicos, mejor que nadie, deben recordar que lo mismo se dijo de los inmigrantes irlandeses e italianos del siglo XIX y principios del XX. Pocos son los que hoy en día negarían las contribuciones de estos inmigrantes, quienes no sólo se asimilaron, sino que aportaron su dinamismo a la vida de la Iglesia Católica y ayudaron a convertirla en la mayor denominación de Estados Unidos.

Por lo general, aquellos que temen la inmigración, es porque temen que ésta traiga consigo la criminalidad. Los católicos deben darse cuenta –y hacerlo saber a la comunidad– que una familia pobre que busca mejores condiciones de vida no representa ninguna amenaza. Es más, la falta de un proceso racional de inmigración, junto con un sistema que criminaliza al inmigrante por razones económicas tanto como al narcotraficante, no ayuda para nada. El Presidente Calderón no ha perdido tiempo para emprender la lucha en contra de los carteles de la droga en México. Cualquiera que sea la política de inmigración que nos toque en Estados Unidos, debe complementar el trabajo que ha emprendido México en su lucha contra los criminales, al tiempo que toma en cuenta la motivación que impulsa a la mayoría hispana a la inmigración.
Como lo dijo el Papa Benedicto XVI en su primera encíclica, Deus Caritas Est: «La afirmación de amar a Dios es en realidad una mentira si el hombre se cierra al prójimo o incluso lo odia».

Sin embargo, para nosotros los católicos, la inmigración trae un beneficio único. La inmigración hispana trae consigo la promesa de la revitalización de nuestras parroquias. Toca a los católicos que se encuentran ya en Estados Unidos proporcionar un ambiente espiritual enriquecedor que satisfaga las necesidades de los recién llegados. Así como estos inmigrantes aportan nueva vida a nuestras comunidades parroquiales, es nuestra responsabilidad ayudarlos a asimilarse a nuestras parroquias y comunidades, como lo hicieron nuestros abuelos, y ayudarlos a vivir su fe con el apoyo de todos los católicos.
Esta no sería la primera vez que los católicos de Estados Unidos toman el liderazgo cuando se trata de ayudar a sus vecinos del sur. No hace tanto tiempo que los católicos de Estados Unidos se unieron en apoyo de sus hermanos mexicanos perseguidos y que ayudaron a poner fin a esa terrible persecución.
Las voces como la de los Caballeros de Colón y la revista America ayudaron a los católicos de Estados Unidos a influir en su gobierno para lograr que éste tomara un interés activo en las persecuciones en México hace 80 años. Y cuando terminó la lucha cristera en 1929, fue la participación activa y la cooperación de los católicos de ambos lados de la frontera lo que hizo posible la paz.

Es más, durante los años veinte, cuando hasta un millón de refugiados mexicanos huyeron hacia el norte, los católicos norteamericanos recibieron con los brazos abiertos a los desplazados por la violencia. Se construyeron seminarios para que los jóvenes mexicanos pudieran prepararse para el sacerdocio en el ambiente seguro de Estados Unidos. Y los exiliados mexicanos, desde los arzobispos hasta el más humilde de los rancheros, recibieron ayuda, aquí y en México, de sus compañeros católicos del norte de la frontera.

Ha llegado el momento de volver a tomar este liderazgo.

Un modelo del tipo de cooperación que puede darse entre los católicos de Estados Unidos y México es el de los Caballeros de Colón. Fundada en 1882 en New Haven, Conn., esta orden rápidamente se extendió a todo el hemisferio. Se fundaron los primeros consejos canadienses en 1897, y los mexicanos en 1905.
Los Caballeros constituyen un ejemplo de cooperación entre los católicos de ambos lados de la frontera que ha perdurado durante más de un siglo. Esta cooperación ha tomado varias formas. En la década de los veinte, fue llevar la historia de las persecuciones de México a la gente de Estados Unidos. En tiempos más recientes, el apoyo a los seminaristas de los Estados Unidos para que estudien en México y conozcan la cultura mexicana, el apoyo a los seminaristas mexicanos para que atiendan las necesidades de los inmigrantes mexicanos en Estados Unidos, así como el apoyo a la Catholic Legal Immigration Network (Red Católica de Inmigración Legal). Actualmente, los consejos locales de los Caballeros de Colón que se encuentran cerca de ambos lados de la frontera cooperan activamente en proyectos sociales, espirituales y caritativos. Esta cooperación es cada vez más prioritaria para los Caballeros de Colón, como debería serlo para otras organizaciones católicas de los Estados Unidos.

Los católicos de ambos lados de la frontera deben tomar la iniciativa para promover una solución católica a los problemas de la pobreza y para promover las oportunidades económicas y educativas para los más pobres de la región, en especial para los de México. De manera particular, esto es responsabilidad de los católicos de Estados Unidos, sobre todo los líderes empresariales y financieros. La elección de Felipe Calderón proporciona una oportunidad sin precedentes en la historia de México para lograr una reforma económica y social y él debe recibir el apoyo activo de los católicos de Estados Unidos, al igual que de los de México.

El Papa Benedicto señaló en Deus Caritas Est «La Iglesia es la familia de Dios en el mundo. En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de lo necesario.» Y más adelante «En la comunidad de los creyentes no debe haber una forma de pobreza en la que se niegue a alguien los bienes necesarios para una vida decorosa». Estas palabras deben tener un significado especial en nosotros que vivimos en el mismo continente.
Realmente, nuestro hemisferio es un microcosmos del proceso de globalización que ocurre en el mundo entero. Lo que suceda en América tendrá un profundo impacto sobre la Iglesia y el mundo, y lo que suceda entre Estados Unidos y México definirá el futuro de nuestro hemisferio. Los católicos de ambos países tienen sobradas razones para trabajar por el día en que estos vecinos cercanos sean amigos aún más cercanos. De cada uno de nosotros, en todo el continente americano, depende responder al llamado de Nuestra Señora de Guadalupe e, igual que ella, integrar a las personas de todas las razas y culturas en una sola familia espiritual.

En la mayoría de los países de nuestro hemisferio, entre el 70 y el 90 por ciento de la población es católica. En los Estados Unidos, los católicos representan una de cada cuatro personas. Ya no somos forasteros en este país. Si nosotros, como católicos, vemos a los inmigrantes como hermanos en la fe, como lo hemos hecho antes, en verdad tenemos la oportunidad de definir no sólo el futuro de nuestra propia Iglesia y nuestro propio país, sino el del continente y el de nuestro hemisferio. El futuro de América, nuestro hemisferio, y por ende el de nuestra Iglesia, está en nuestras manos.

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